martes 17.09.2019
HOMO VIDENS

Tetita, nalga y a dormir

Cristóbal Montoro, ex minsitro de Hacienda, afirmó en la primavera de 2018: «si se baja el IVA no es para que el sector tenga más beneficios, sino para beneficiar al consumidor». La tendencia fue todo lo contrario. Facua criticó que las salas de cine habían «aprovechado la bajada que llevaban reivindicando seis años para aumentar sus beneficios en lugar de trasladársela totalmente al espectador». Vaya rollo os cuento. ¿Sabéis qué canta Pablo Escobar mientras se ducha en la blanca navidad orquestada por Netflix? «No hay ‘aplazaos’, ni escalafón/ los ignorantes nos han ‘igualao’». No saquen conclusiones equívocas. Siempre intento convencerme de que la ignorancia da la felicidad. Luego Haze, rapero hispalense, tuvo la certeza de clavar en mis cascos esa de «la cultura es el arma que defenderá lo tuyo en el futuro». Ojalá fuere yo ignorante. La cruda conciencia de hacer lo corr?ecto y no perder nunca la esperanza en el progreso. Entre cultura y culturetas de bar —postal que amo, a veces sólo, en mi tiempo de ocio— leí hace poco un artículo que criticaba a los coaches de La Voz. Resulta que por el show Senior han pasado ilustres músicos de otras generaciones que ni por asomo Bisbal y compañía reconocieron. Lo firma Juan Mari Montes —otro gran músico y letrista minusvalorado— y habla de cómo tuvieron que someterse a examen Frank Mercader —director de la banda de Buenafuente 9 años y acompañante de musicuchos como Miguel Bosé o Laura Pausini—, José María Guzmán —de CRAG, Señora Azul—, Maruja Torres —eminencia de la rumba catalana—, o el leonés Ignacio Encinas, maestro de ópera que ha llenado teatros hasta en Japón. Pues va Orozco y, con un par, explica por qué no se ha girado. La cosa es que estos profesionales de la música son idolatrados por muchas más personas aún de los 7,5 millones de seguidores que suman en Instagram. Y no han brillado por quedar como, vamos a decirlo suave,antónimo de ignorantes, de su profesión: la música. Quizá uno tampoco, mea culpa. Y me da, honestamente, mucho por culo el reguetón. Tanto como el pseudo-reducido IVA cultural o la inmensa cantidad de cultura (escritores, músicos, artistas dramáticos, directores, dibujantes, etc.) que está quedando en el olvido. Es el más grave síntoma, enfermedad a largo plazo, del déficit educacional que sufrimos. Ni por asomo parece tener España la ambición de imitar a países de vanguardia cultural. Un ejemplo. La capital de Finlandia inauguró en diciembre Oodi: una biblioteca con dos cafeterías, sala de cine, zona infantil, varios estudios de grabación, máquinas de coser, impresoras 3D, salas de edición digital, cuartos de videojuegos, cortadoras láser, imprentas.... Todo gratis a disposición de sus ciudadanos. Increíble, ¿no? Aquí seguimos berreando en las discotecas: «Mira como lo mueve esa muchachota/ Ella tiene nalga y tetita, nalga y tetita». Y a dormir. Con pesadillas.

Tetita, nalga y a dormir
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