lunes 21.10.2019
TRIBUNA

TRIBUNA | El castillo de naipes villafranquino

Mis padres vinieron de un pueblo a trabajar a León, yo ya trabajo en otra ciudad española y una de mis hijas lo hace en Suiza
David Díez Llamas
David Díez Llamas

Este verano he tenido la oportunidad de realizar una “escapada” a Villafranca del Bierzo. Me confieso un enamorado de la capital histórica de El Bierzo. Pocas poblaciones de menos de 3.000 habitantes son capaces de reunir el patrimonio artístico y cultural que atesora Villafranca.

Impresiona que en esa población hayan nacido autores de la talla de Gil y Carrasco, Antonio Pereira (al que se rinde homenaje en la denominación del Parador) o Ramón Carnicer (entre otros). No creo que una presencia tan relevante de escritores sea una simple casualidad.

La familia Halfter está muy directamente imbricada en todo el medio social y cultural de Villafranca. Diríamos que hoy no se entendería Villafranca sin los Halfter, pero tampoco los Halfter sin Villafranca. Esa presencia se hace notar desde lo que es su residencia en un castillo que es emblema de la población, hasta lo que es la participación de esa familia en los diferentes eventos ligados a la música clásica que se desarrollan en el municipio.

El teatro Villafranquino es reflejo de toda esa historia cultural. Destaca tanto por su belleza como por los importantes eventos culturales que se desarrollan en él. Además, lo habitual es que esos eventos tengan un carácter gratuito. Yo tuve la oportunidad de asistir a alguno de ellos y los recuerdo con gran simpatía.

Con todo, una de las cosas que con más cariño recuerdo fue el encuentro con el hijo de Pedro Halfter (nieto por tanto de Cristóbal).

El museo de la ciencia Villafranquino había reservado una sala para que este muchacho pudiese hacer y exponer sus castillos de naipes. Nos comentaba que se había planteado como reto el lograr el record Guinness en la construcción de castillos de naipes para personas de menos de 15 años. Además, decía que quería lograrlo precisamente en “el pueblo que tanto había hecho por ellos”. Me parecía una expresión de agradecimiento llena de madurez.
Cuando llegamos a ver esa exposición ya era la hora de cerrar, pero amablemente el muchacho accedió a que pudiéramos pasar. Nos explicaba que para lograr ese equilibrio las cartas deben juntarse en un ángulo de 5 grados. Con esa técnica había logrado no sólo ganar en altura, sino que también había conseguido dar formas irregulares a ese castillo.

En los tiempos tan convulsos que vivimos este castillo de naipes, que un adolescente nos mostraba en Villafranca, me parecía como un monumento al equilibrio que tanto necesitamos en el medio social en el que vivimos.

En el plano político es patente la dificultad de encontrar los puntos de equilibrio necesarios para poder avanzar en la construcción de proyectos comunes. No creo que esto sea algo privativo de un solo país y se extiende en general a nivel mundial. Habrá que buscar ese ángulo de cinco grados que permita avanzar. 

Diría que si examinamos a los diferentes dirigentes mundiales podríamos decir que son muchos los que no representan precisamente el concepto de equilibrio. Más allá de que podamos coincidir o no con sus postulados políticos uno diría que los Trump, Putin, Bolsonaro, Salvini o Boris Johnson (por ejemplo) representan mucho más a líderes que tensionan el medio social. No ayudan precisamente a construir esos castillos de naipes que podemos ver en Villafranca.

Sin embargo, hay que recordar que mayoritariamente esos líderes han surgido como consecuencia de procesos electorales. Ello supone que esa falta de equilibrio se extiende hacia la sociedad en su conjunto, se opta por posiciones de radicalidad.

La consecuencia de todo ello es que aumentan las posiciones disgregadoras y las tensiones sociales. Son prueba de ello las guerras comerciales entre China y Estados Unidos, el Brexit o todo lo que supone la política inmigratoria. Las consecuencias son los efectos negativos que ese tipo de cosas han tenido en los mercados financieros de todo el mundo.

Los acuerdos en el ámbito social, político o económico normalmente propician avances en esos ámbitos. A la vez hay que decir que, si en ese castillo de naipes se desequilibra un par en la baraja, ello afecta a todo el edificio que termina derrumbándose. Lo que ocurre en una parte del mundo nos afecta a todos.

Vivimos en un mundo cada vez más interconectado e interrelacionado. Ello se puede ver a gran escala en lo que son las grandes empresas que operan a nivel mundial, pero también a pequeña escala en lo que es el ámbito más local y familiar. Mis padres vinieron de un pueblo a trabajar a León, yo ya trabajo en otra ciudad española y una de mis hijas lo hace en Suiza. A veces he pensado que esta trayectoria personal podría ejemplificar otra más general.
Me gustaría que el pequeño Halfter logré su objetivo de record Guinness. Con todo, su mérito estará más en haberlo intentado que en conseguir alcanzarlo. Este medio social está necesitado de conseguir castillos de naipes para alcanzar sus objetivos sobre la base del equilibrio entre sus componentes.

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