domingo 22.09.2019
HOJAS DE CHOPO

Veinte años después

Todo lo que nace con alma tiene vocación de pervivencia. Las circunstancias, esas extrañas filigranas de la vida, pueden poner después sordina a los sueños. Pero lo tienen más complicado, no cabe duda. El pasado día 11 quedó confirmado el aserto inicial, que no axioma, de estas hojas temblorosas. Fiel a la cita anual, Gregorio Fernández Castañón presentó las deliciosas propuestas a que ya nos tiene acostumbrados. Pero en él la costumbre nunca se convierte en ley porque siempre llega cargado de sorpresas. Y así un año tras otro, hasta cumplir en esta ocasión la veintena, que en estos asuntos es cifra de respetada consideración. Veinte años después no solamente no se ha desdibujado el camino, sino que se ha fortalecido el paso hacia horizontes siempre abiertos y enriquecedores. Ejemplar decisión de tránsito en una sociedad que no tiene en alta estima las iniciativas privadas —ya no digo sin ánimo de lucro— en el campo de la cultura, aunque en este caso haya despertado siempre mucho interés por lo que significa de empeño, tesón, esfuerzo y calidad. Forma ya parte importante, por derecho propio, de la acción cultural de esta tierra.

Tres entregas del proyecto siempre en acción el pasado día 11. El número 20 de la revista Camparredonda, sin duda el buque insignia, en esta ocasión, y como celebración, con aumento de páginas hasta prácticamente el centenar y medio. El libro —¿cuántos ya?— Contracrónicas, firmado por Fulgencio Fernández y Mauricio Peña, con la exquisitez de sus contenidos y la habitual impronta editorial. Y el CD de Cosmética, grupo que cerró el acto con la interpretación de algunos pasajes de D. Bo, una ópera rock propia. Buen colofón. Antes se había entregado el Premio de Reconocimiento Cultural “La Armonía de las Letras”, habitual desde 2008. En esta edición concedido al “Ágora de Poesía”, porque “haga el tiempo que haga, durante la noche del último viernes de cada mes, han logrado dar protagonismo a la palabra… en la calle, con total libertad”. A la entrada del acto los asistentes recibieron un marcapáginas con un bombón prendido. “Son momentos dulces para nosotros —está escrito— y lo queremos celebrar contigo”.

Las dulzuras suelen avivar los sentidos. Los de fuera y los de dentro. Porque hay algunas que sobrepasan el momento para quedar atrapadas definitivamente en el papel, en nuestra historia sin límites. El agradecimiento, Gregorio Fernández Castañón, es la respuesta. Somos muchos los que nos movemos en el aplaus?o.

Veinte años después
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