martes 17.09.2019
fuego amigo

Los veranos de Viñayo

Un año más aborda la asociación ladina El Codojal de Viñayo el reto de ofrecer a los veraneantes del entorno los frutos de una programación cultural singular, que se mantiene atractiva, venciendo reiteraciones, después de cuatro años. Convocado con el Cervantes Antonio Gamoneda, para resolver como jurado su certamen de relatos, volveré una vez más a Viñayo, que es pueblo de acogida siempre fraternal. El poeta Gamoneda, el pintor Manolo Sierra y el músico José Luis Gutiérrez son algunos de los generosos padrinos de este emprendimiento modélico. Precisamente Sierra pintó su icono: una tabla de lavar la ropa.

Porque el Codojal era el pozo del río Luengo al que acudían a lavar las abuelas de Viñayo, que fue pueblo minero. En el Codojal, además de lavar la ropa, se compartían agobios e ilusiones, tristezas y alegrías, dificultades y confidencias. De ahí el sentido de rescatar su nombre para bautizar la asociación cultural surgida en el invierno de 2015, sostenida desde entonces con esfuerzo y tesón. Porque no son fáciles los espacios de encuentro en los pueblos menudos de nuestra montaña vaciada por la despoblación. Y eso que Viñayo tiene el privilegio de contar con El Piñueco, espacio de complicidad para las actividades culturales al aire libre.

Precisamente este invierno mi amigo Alfonso García acompañó en Otero de las Dueñas el surgimiento de la asociación cultural el Convento, dedicada a recuperar tradiciones, costumbres y episodios históricos del pueblo cisterciense. Ya entonces me llamó la atención su bautizo asociativo como convento, cuando Otero tuvo monasterio, que es un rango eclesiástico más distinguido. También la inocente triquiñuela del gentilicio zapacaldos, cuando todo el contorno les aplica sin pudor el zampa caldos de la sopa boba monástica. En la comarca del bajo Luna, Viñayo esconde en su nombre el guiño del vino sagrado, como cabecera del territorio histórico de Valdeviñayo. Una comarca que cartografió en el diecinueve Tomás López, reducida ahora a los siete pueblos del municipio de Carrocera.

Hasta mediados del siglo diecinueve, la comarca de Valdeviñayo fue señorío del marqués de Camposagrado y estuvo formada por los diez pueblos del municipio de Benllera, del que se segregaron en 1855 Tapia, Rioseco y Espinosa. Entonces se parceló su dominio sobre el santuario comarcal de Camposagrado. En 1875 pasaría la capital del municipio a Carrocera. Su espacio geográfico se extiende por el piedemonte de la cordillera, dividido en valles por peñas, colladas y lomas de tierras ásperas, hasta confluir en las vegas que arropan la amplitud del valle del río Torre, rebautizado como Otero en su entrega al Luna por la desnortada y atrabiliaria cartografía del ministerio de Fomento.

Los veranos de Viñayo
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