viernes 3/12/21
Carlos Serrano posa en una explotación apícola propiedad de un familiar.

Leonés. De 38 años. Oriundo de Brañuelas. Y de profesión, apicultor. Así es Carlos Serrano Fernández, antiguo camionero, que tras llevar más de 18 meses surtiendo con sus apellidos las largas listas del Inem, decidió ponerse a emprender como solución a su futuro. Y la alternativa escogida por el leonés no fue otra que la creación de una explotación apícola. Este es el caso de uno de los más de cuatro millones de parados que existen en nuestro país, que debido a la tremenda crisis que azota la economía, decidió buscar alternativas para su futuro.

En esta ocasión, la tradición hace la norma, y es que este vecino se dejó llevar por las costumbres familiares. Hijo y hermano de apicultores, explica orgulloso cómo su padre fue «uno de los primeros en utilizar colmenas modernas en lugar de truébanos», estas últimas, más rudimentarias, estaban hechas de troncos de madera huecos. Con más de cuarenta años de tradición apícola a sus espaldas, Carlos continúa con el hábito y ahora se plantea colocar cinco colmenares de 90 colmenas cada uno en el municipio de Quintana del Castillo, además de otro en Brañuelas. Para ello, pidió una subvención de 57.000 euros para la instalación de un total de 500 colmenas.

Tras haber superado el curso de formación de incorporación a la empresa agraria, este leonés busca ahora continuar con la herencia apícola que le dejaron sus antepasados. Aún recuerda cómo, de niño, ayudaba a su padre primero, y a su hermano, después, quien también se propuso continuar con la actividad al regresar del antiguo servicio militar. Por aquel entonces, contaban con una cantidad de entre treinta y cuarenta colmenas, que supieron cuidar con mimo para que diesen beneficios suficientes, y además, para seguir especializándose en algo, que para esta familia ya constituye un arte, una forma de vida, y una ilusión de futuro.

La respuesta al porqué eligió Quintana como centro de su trabajo es clara para él, las condiciones orográficas, debido a que «apícolamente hablando es mucho más rica esta zona».

Aunque hasta que llegue la resolución del proyecto puede pasar más de un año, Carlos se muestra entusiasmado con un proyecto que ya le está permitiendo «conocer un poco los sistemas de trabajo y cómo hacer producir al máximo la explotación», para que sea lo más eficiente posible. Eficiencia e innovación se unen de esta manera, para hacer frente a un proyecto en el que a no todo el mundo se le ocurriría embarcarse, una actividad que se está perdiendo, y con la que el leonés pretende trabajar para sí mismo, «en un ambiente rural, de continuo contacto con la naturaleza» en el que el propio esfuerzo le repercuta a él.

Esta semana, Carlos solicitó la prestación de los 400 euros, ya que hasta ahora no la había cobrado. Su caso es uno más de los miles que conforman el mapa del paro español, con la diferencia de que él es uno de aquellos valientes, que decidió emprender para poner en marcha la maquinaria de su porvenir.

Abejas contra la crisis