domingo 5/12/21
Fáfilas también existe

El agradecimiento de una sufrida generación rural

La enfermera vuelve a dar un servicio en la localidad después de 17 años para poner las vacunas de la gripe y el covid a los mayores
                      Angelita y Pelayo se vacunaron ayer en Fáfilas. MEDINA
Angelita y Pelayo se vacunaron ayer en Fáfilas. MEDINA

A veces sólo se necesita querer hacerlo; voluntad más allá de normas, requisitos, aparataje o instalaciones. Es lo que hizo la nueva enfermera que atiende a los vecinos de Fáfilas.

Miércoles, 24 de noviembre de 2021. Después de 17 años una enfermera volvía a asistir a la localidad para dar servicio a sus habitantes, gente mayor que tiene dificultades para trasladarse a la cabecera del municipio (Villabraz) o a Valencia de Don Juan. Tocaba ponerse las vacunas de la gripe y la tercera dosis de la del covid a los de más de setenta años. La profesional, que quiere mantener su nombre en el anonimato «porque no creo que deba ser protagonista de nada. Hice lo tenía que hacer. Es más fácil que venga yo a que tengan que desplazarse todos». Puro sentido común. El día anterior llamó a todos por teléfono y los citó a las once de la mañana. En cuestión de diez minutos estaban todos ventilados. Fácil y sencillo.

El local, una sala anexa a la iglesia que seguramente que no hubiera pasado ninguna clase de requisitos de los que ahora exigen los profesionales y las autoridades sanitarias. Ni falta que hizo. Tampoco lo harían los pabellones y decenas de centros donde se han llevado a cabo las vacunaciones masivas en tiempos de covid. Eso sí, estaba limpio. Y el alcalde, Ricardo Pellitero, se encargó personalmente a primera hora de la mañana de poner una estufa para que estuviera caliente. Un sencillo biombo de madera sirvió para garantizar una mínima intimidad.

Miguel, Silvano, Veri, Angelina, Pelayo, Mauricia y Lorenzo fueron los siete vecinos de Fáfilas mayores de setenta años vacunados ayer en su pueblo que apenas cuenta con 15 habitantes. Pertenecen a una generación sufrida e inmensamente agradecida con cada gesto. Ayer se podía ver en el brillo de sus ojos. «No sabe usted el favor que nos ha hecho. Muchos ya no conducen y tienen que pedir favores para que los lleven», le decían a la enfermera. Que tome nota a quien le corresponda.

El agradecimiento de una sufrida generación rural
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