jueves 28/1/21
Minería

Dos años sin recolocaciones: «Se han reído de nosotros a la cara, es una vergüenza»

Los trabajadores excedentes de la minería se han buscado la vida porque la bolsa de empleo no ha servido para nada

Llevan dos años esperando una llamada que les saque de la bolsa de empleo que el Ministerio para la Transición Ecológica (Miteco) puso en marcha para recolocar a los trabajadores excedentes de la minería. Ninguno de los apuntados —193 en las cuencas leonesas y palentina— han conseguido un empleo a través de este mecanismo que se vendió en su día como el gran solucionador, la respuesta a todos los males de los mineros que se vieron en la calle el 31 de diciembre de 2018, día límite impuesto por Europa para clausurar la actividad en las minas no rentables. Pese a que la fecha no pilló a nadie por sorpresa, el cierre no fue ordenado ni para las empresas, ni para los trabajadores, ni para las cuencas que siguen suspendidas en un limbo sin carbón y sin propuestas a la espera de que lleguen los millones y las promesas.

Iban a ser llamados para trabajar en la restauración de escombreras, de espacios degradados por la actividad minera, una actividad prioritaria para el Gobierno que no se ha puesto en marcha. Ahora se acaban las prestaciones y ya hay trabajadores del sector que, perdida toda esperanza, se han visto obligados a marcharse del valle, mientras que otros han podido quedarse trabajando en la comarca buscándose la vida por su cuenta, sin saber nada de las recolocaciones.

Uno de esos trabajadores es Francisco Corral, natural de San Miguel y trabajador de la explotación de Cerredo desde el año 2014 hasta el 31 de diciembre de 2018. A partir de este momento, le asaltan las dudas sobre su futuro laboral, y entra en esta bolsa de empleo, sin embargo al ver pasar los meses sin que llegue la llamada decide lanzarse a la búsqueda de empleo. «Tengo el título de mercancias peligrosas, y empecé a buscarme la vida», afirma. Tuvo suerte y encontró empleo como conductor en una empresa de Laciana de combustibles. «La bolsa se abre pero no han hecho nada, nos han dejado en la calle», afirma Corral, que se siente «afortunado» de haberse podido quedar a seguir viviendo en el valle.

Cansados de mentiras

Un caso parecido es el del joven Adriano Franco que estaba trabajando en la mina La Escondida hasta finales del 2018 como picador. Tras ver como pasaban los meses y que la bolsa de empleo no se movía decidió buscar trabajo. Lo encontró en el sector minero nuevamente, en la explotación asturiana de Tormaleo donde está desde hace año y medio. «Tuve que buscarme la vida, tengo familia y tienen que comer», recuerda Franco, quien asegura que «se han reído de nosotros a la cara, es una vergüenza» y es que él hubiera preferido que «nos dijeran la verdad, antes que mentirnos, nos podían decir que nos buscáramos la vida, y no que nos iban a ayudar», sentencia.

A juicio de Franco, tanto a «políticos como a sindicalistas se les ha llenado la boca con este tema, pero no han hecho nada de nada». Teme que si en algún momento la bolsa de empleo se mueve, las afirmaciones que tendrá que oír vayan dirigidas hacia la falta de interés de los mineros. «Después de mucho tiempo, igual hacen algo y entonces dirán que son los mineros que no quieren ir, pero que ellos si han cumplido con su parte», concluye.

Sin alternativas

Otro de los trabajadores del sector que tampoco ha visto resultados es Jorge Nogueiro, que estuvo trabajando en la explotación de Fonfría en Caboalles de Abajo como oficial de segunda barrenista. Tras el cierre llegaron los trabajos temporales. «Creo que deberían hacernos una llamada y que nos informen de algo», asegura Nogueiro que se ha borrado del sindicato porque sigue sin encontrar trabajo. Afirma que como lacianiego le gustaría vivir en el valle, tras haber estado siete años en Madrid, pero que, a la vista de la situación «no nos dejan más alternativas de futuro que irnos». Para Jorge Nogueiro es muy importante estar al lado de su padre, sin embargo la bolsa de empleo no le ha ayudado a poder cumplir con este objetivo. «No me han llamado para trabajar ni para realizar labores de restauración, ni a mí ni a compañeros míos», remata.

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