sábado 23/10/21
Estudio del IGME

La asfixia climática llega a las cuevas

Los cambios de temperatura extremos restan oxígeno a las cavidades por debajo del 19%, valor mínimo para poder acceder a ellas
valporquero
Interior de la cueva de Valporquero. JESÚS F. SALVADORES

Una de las múltiples consecuencias que está teniendo el innegable cambio climático que amenaza el planeta se está empezando a notar en el interior de las cuevas. Según un estudio dirigido por el investigador del Instituto Geominero Español (IGME), Raúl Pérez López, el número de eventos climáticos extremos están reduciendo los niveles de oxígeno de distintas cavidades, que empiezan a registrar niveles de oxígeno en el aire por debajo del 19,5 %.

Este valor es importante, ya que la normativa española de calidad ambiental estima en 19,5 % el valor mínimo que permite desarrollar actividades profesionales y recreativas sin condiciones especiales, es decir, sin oxígeno suplementario.

Según explicó a Efe este investigador, la alerta sobre el déficit de oxígeno en estas zonas surgió en 2012, cuando un equipo formado por bomberos y espeleólogos avisaron de que una persona se había desmayado en la sima CJ-3, próxima al Cañón de Río Lobos, en Soria. Sin embargo, no fue hasta 2014, que recibieron el permiso de la administración, cuando el grupo de científicos fue a tomar la primera medida sobre las condiciones del aire en esta sima, que se convertiría luego en referente. Cinco años después, se presentaron evidencias científicas de que el oxígeno en las zonas medias de esta cavidad se está reduciendo progresivamente.

Tanto en Valporquero como en Fondillos, su ventilación y los cursos del agua garantizan el aire

El estudio se puede aplicar en cualquier cavidad. «El análisis que estamos llevando a cabo funciona muy bien en cavidades denominadas fondo de saco, es decir, con una entrada superior y sin conexión exterior en zonas inferiores que permitan un flujo de aire», explica Pérez, que asegura que esto implica que «sólo ventilan cuando se producen gradientes térmicos inversos —cuando la temperatura exterior es inferior a la temperatura en el fondo de la cavidad—, y para profundidades superiores a 50 metros». Un ejemplo claro se encuentra en la Cueva del Fondillo del municipio de Valdeteja, que tiene una profundidad de 60 metros. En este caso, según el investigador del Igme, «presenta cursos de agua activos, por lo que probablemente el nivel de ventilación sea bastante alto».

En el caso de la Cueva de Valporquero, en principio no hay problema alguno de oxígeno porque «es una cavidad que se encuentra bien ventilada». El investigador explica que presenta varias entradas, como la del Sil de las Perlas y que «es una cavidad con presencia de flujos rápidos de agua y con conexiones con el exterior a diferentes niveles, como la salida por Covona». Todo ello hace que se ventile constantemente y no tenga falta de exógeno. Para Pérez, lo interesante de Valporquero «es su relación con el agua», lo que la convierte en una «cavidad magnífica para el estudio que relaciona los periodos húmedos en la zona con la infiltración de agua en su interior y la respuesta de su sifón interior», peculiaridad que ha hecho muy famosa en el mundo de la espeleología.

El estudio también se centra en el papel de los microorganismos de las cuevas, ya que el consumo de oxígeno en las cavidades puede estar relacionado con la presencia de microorganismos nitrófilos, además de si la sima se usa como vertedero con materia orgánica en descomposición o basurero», explica Pérez.

La asfixia climática llega a las cuevas
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