miércoles 21.08.2019
grisuela del páramo

Blanco y encarnado, emblemas locales

Documentan la existencia de dos pendones desaparecidos, el más antiguo con más tres siglos, y de dos ermitas también perdidas.
Vara del pendón localizada en al antigua casa del cura. BENÉITEZ
Vara del pendón localizada en al antigua casa del cura. BENÉITEZ

El trabajo incansable del investigador Javier Benéitez, escudriñando y dejándose la vista y el tiempo entre los libros de fábrica de las iglesias locales que se encuentran el Archivo Diocesano de León, así como entrevistando a los vecinos, han vuelto a dar sus frutos. Ahora ha sido de certificar con documentos la existencia de dos pendones en Grisuela del Páramo. Uno blanco y otro encarnado. El más antiguo con más de tres siglos. En esta ocasión, además también ha documentado que, como si casi todas las localidades de la comarca, ésta también tuvo su ermita. Y no una, sino dos. La de La Cruz y la de Santa Ana.

Empezando por el final, Benéitez recuerda que Grisuela del Páramo cuenta actualmente con una iglesia, la parroquial de San Miguel. Pero hubo un tiempo en el contó con las dos citadas ermitas como pone de manifiesto el documento del 27 de junio de 1731, cuando en una visita del obispo de Astorga, José Francisco Bermúdez de Mandiaa se señala: «Visitó su ilustrísima los libros de las del Santísimo Sacramento, Santa Ana y Cruz, y en cada uno de ellos dejó su ilustrísima tomadas providencias que manda a este cura haga cumplir sin omisión, como que se tengan bien reparadas y decentes, la Ermita de Santa Ana y La Cruz, que están en términos de este lugar, para que en ellas se puedan celebrar las misas y más funciones que se acostumbran».

Numerosas son las referencias que se han encontrado del pendón o pendones de Grisuela del Páramo. La primera en 1679 que habla de pagar «más de 644 reales de damasco y seda (...) y guarnición para el pendón». Otra en 1695, en 1699. Es en 1707 cuando aparece en un inventario de bienes de la iglesia «un pendón blanco». Y lo mismo se repite en 1729. Es en el año 1824 cuando aparece un apunte que habla de otro pendón «de damasco carmesí encarnado». Y en las cuentas que da el párroco de Grisuela en 1865 el detalle es máximo: vara de damasco encarnado, media vara verde para el capillo del mismo, flequillo para guarnecer el pendón, media vara ‘labal’ para forro y dos varas de galón dorado y media vara más para el pendón».

Además, en la antigua casa de cura se localizó la vara de uno de los pendones.

Blanco y encarnado, emblemas locales