miércoles 21/10/20

El burro zamorano-leonés rejuvenece e invierte su pirámide de población

El número de hembras para reproducción es de 250, el triple que en el año 1995.
La cría del burro autóctono es más una afición que una actividad económica.

La pirámide de población del burro zamorano-leonés se ha invertido, de manera que esta variedad de asno ha pasado de encontrarse al borde la extinción a estabilizar su población, gracias a los programas que ha desarrollado la Asociación Nacional de Criadores de Raza Asnal Zamorano-Leonesa (Aszal).

El burro zamorano-leonés, todo un emblema en la provincia de Zamora y menos conservado en León, se incluye en el catálogo oficial de razas españolas como grupo protegido y, según su el director técnico de Aszal, Jesús de Gabriel, la población se ha estabilizado. No es tanto un incremento de reses, sino por la inversión de la pirámide de edad de la raza. Muy envejecida en la década de los noventa y renovada ahora, renovada, debido a los cuidados que ha recibido la raza

De Gabriel explicó que en 1995 —fecha en la que se crea Aszal, con sede en Zamora— hasta ahora el número de ejemplares de la especie ha pasado «de 1.000 mil ejemplares a unos 1.200», con la diferencia de que, en la actualidad, están disponibles para reproducción un número tres veces mayor de hembras, en concreto 250, que hace 16 años. Estas burras «están criando y no trabajando», explicó.

A finales del siglo XX se encontraban «muy buenas hembras, pero que no criaban. Hoy, todas las de la asociación con menos de ocho años se dedican a la reproducción», con un importante cambio en el número de nacimientos, que ha pasado de los 40 al año a un máximo de 160 obtenido en el 2010, al que han seguido alrededor de 135 en el 2011. El número de nacimientos comenzó a crecer en el 2008, con 60 registrados; pasó a 100 en el 2009 y a los 160 citados un año más tarde.

«Conservar un patrimonio». La cría de burros tuvo que superar escasez de ejemplares entre los que elegir a los padres, según el Programa de Selección y Conservación del Asno Zamorano-Leonés, elaborado por Aszal y la Universidad de León en el 2009, que facilitaba un censo aproximado de 1183 burras y 50 garañones (sementales) y se concibe como una actividad encaminada «a conservar un patrimonio, a la satisfacción de tener un animal bonito, de nuestra tierra, pero no a la rentabilidad», indicó De Gabriel. Sin embargo, Aszal busca usos que permitan cierto rendimiento económico, mediante la venta de leche de burra para la producción de jabones naturales, y un valor añadido para la sociedad mediante la denominada asinoterapia, en la que el animal se pone al servicio personas con discapacidad. De Gabriel destacó su atractivo como «complemento para el turismo rural». El director técnico de Aszal indicó que el empleo de burros en otros países es más habitual que en España.

Los criadores de la raza asnal zamorano-leonesa son, en su mayoría, zamoranos (alrededor del 85% de los asociados pertenecen a esta provincia). Aszal cuenta con nueve ganaderos en León. El mayor problema del colectivo es su elevada edad, que en muchas ocasiones supera los 70 años, y conservan la raza «porque ya antes tenían burros», señaló De Gabriel.

El burro zamorano-leonés rejuvenece e invierte su pirámide de población
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