viernes 23/4/21
Los ganaderos se rebelan

El campo se arma para la guerra del lobo

Agricultores y ganaderos se unen para exigir a Sánchez la paralización de la paralización de la caza de la especie y reclaman un encuentro urgente para negociar una solución.
Los ganaderos plantan cara a la norma nacional. DL

"El cabreo de los ganaderos del noroeste es monumental". Los organizaciones que representan a la totalidad de los agricultores y ganaderos españoles, Asaja, Coag y UPA, se lo dejaron hoy muy claro al Gobierno. O paraliza su intención de prohibir la caza del lobo en todo el país, como se dispone a hacer el Ministerio de Transición Ecológica, o todo el sector saldrá a la calle por lo que considera una auténtica declaración de guerra.

"Prohibir la caza del lobo es un ataque frontal a los ganaderos", resumió Pedro Barato, presidente de Asaja. "Si cumplen con su amenaza, estarán declarando la guerra al sector agrario, y eso no quedará sin respuesta. Ya estaríamos movilizándonos si no fuese por la pandemia, pero, si esto no se corrige, saldremos a la calle, seguro", avisó Miguel Blanco, secretario general de Coag. "Los ganaderos nos sentimos despreciados. Han pasado de nosotros. Estamos hartos. Todo el campo va a defender a la ganadería extensiva (la tradicional al aire libre) de una segura desaparición. ¡Claro que habrá respuesta!", remató Lorenzo Ramos, secretario general de UPA.

"Si no han un control razonable del censo de lobos (caza selectiva), como hasta ahora, se acabará con la ganadería"

Las tres grandes organizaciones agrarias y ganaderas tienen claro que "si no han un control razonable del censo de lobos (caza selectiva), como hasta ahora, se acabará con la ganadería". Es el motivo de que hayan escrito una carta conjunta al presidente del Gobierno, que es al tiempo una mano tendida y un ultimátum. Le exigen la "paralización inmediata" de la orden ministerial que declararía a estos cánidos silvestres especie no cinegética en todo el país (ya lo son al sur del Duero) y una reunión urgente con Pedro Sánchez y con los titulares de Transición Ecológica, Teresa Ribera, y Agricultura, Luis Planas. Dicen que se les ha ignorado en la toma de esta decisión, pese que son los principales damnificados, y quieren hacer una evaluación del problema que tenga en cuenta todos los puntos de vista y que posibilite la negociación de una solución consensuada, que defienden que tendría que permitir "la coexistencia sostenible del lobo y la ganadería".

"Alimañas" de despacho

El campo no oculta su desilusión con Planas, de quien creen que no defiende sus intereses, pero con quien está indignado es con Ribera y su equipo, a quienes ven como "alimañas" de despacho que "se ríen de la gente que resiste en la España vacía". Defienden que ella y los "radicales (ecologistas) que pululan a su alrededor son la mayor amenaza para el lobo, la derivada de la estupidez humana". Califican su decisión de "caciquil" y solo ven "puro postureo de salón, oportunismo político a espaldas del mundo rural, fruto de la prepotencia y el sectarismo ideológico".

Las tres organizaciones niegan que el lobo ibérico esté en extinción. Destacan que hay más de 2.500 ejemplares frente a los 300 de los años sesenta. "Solo en Zamora hay más que en Francia. El lobo está protegida y la caza, necesaria para controlar la proliferación, es mínima".

Por el contrario, ironizan con que a la especie a incluir en la lista de animales con especial protección es la del "ganadero extensivo". "Los que estamos en peligro de extinción somos nosotros. Es desolador que nadie nos apoye. Es el lobo el que está acabando con nosotros", lamenta Raúl Gómez, un pequeño ganadero de Valdáliga (Cantabria) que ha perdido 20 ovejas en dos años en ataques de cánidos salvajes. Mientras las manadas de lobos siguen en aumento, según cifras autonómicas, son las ganaderías familiares las que desaparecen. "En Cantabria, en 1988, tenía 27 lobos y 30.000 ganaderos; en 2019, hay 207 lobos y 4.400 ganaderos", puntualiza Barato.

"Hay que controlar el número de lobos, si no vamos a la ruina", añade Gómez, quien insiste en que "el lobo mata por matar". La afirmación la corrobora letra por letra Pedro Sansegundo, un ganadero de Navalmoral de la Sierra (Avila). "Un día me mataron dos terneros, mordieron a muchos otros, provocaron tanto estrés a algunas hembras que en pocos días abortaron, y la manada no se comió un solo animal".

El campo se arma para la guerra del lobo
Comentarios