lunes. 04.07.2022
Vía Canónica

La Rota condena al sacerdote Sánchez Cao a no tratar con menores hasta los 80 años

La condena "no resarce" a las víctimas del cura investigado por supuestos delitos de abusos a menores en el seminario de La Bañeza
El sacerdote acusado de abusos sexuales, Ángel Sánchez Cao. LUISMA DE LA MATA
El sacerdote acusado de abusos sexuales, Ángel Sánchez Cao. L. DE LA MATA

La agresión sexual a un niño merece, a ojos del Tribunal de la Rota de la Nunciatura Apostólica, una condena a no ejercer cargos que impliquen el contacto esporádico o habitual con menores de 18 años, "sin resarcir a la víctima", asevera la presidenta de la Oficina de Atención a las Víctimas de Abusos, María José Díez, tras conocerse hoy que el mencionado tribunal ha impuesto la prohibición de ejercer cargos que impliquen contacto esporádico con menores de edad al sacerdote gallego Angel Sánchez Cao, investigado por supuestos delitos de abusos a menores en el año 1980 en el Seminario de la Bañeza y que fue apartado en 2019 de las parroquias y del ejercicio público del ministerio.

Cinco años después de que el berciano Emiliano Álvarez denunciara al sacerdote Ángel Sánchez Cao por abusar de él en el seminario de La Bañeza, la Diócesis de Astorga ha publicado hoy la pena a la que sentencia la Iglesia Católica a este sacerdote, que, tras la denuncia, continuó con sus labores en la parroquia del Barco de Valdeorras, bajo el mandato del entonces obispo de Astorga, Antonio Brivá Miravent. Entre sus responsabilidades, el sacerdote continuó oficiando el sacramento de la Primera Comunión a los niños de la parroquia.

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Imagen de Emiliano Álvarez, quien denunció al sacerdote Ángel Sánchez Cao. A.G.V

El Obispado de Astorga apunta que los resultados de la investigación abierta se enviaron a la Congregación para la Doctrina de la Fe que, tras el estudio del caso, levantó la prescripción de los delitos y, por establecerlo así el Código de Derecho Canónico, se inició un proceso administrativo penal cuya instrucción se delegó al Tribunal de la Rota de la Nunciatura Apostólica, que acaba de reconocer los hechos imputados "como ciertos".

El Obispado de Astorga recuerda su compromiso en la lucha contra los abusos sexuales, de poder y conciencia, así como con la protección de los menores y personas en situación de vulnerabilidad. Lamenta profundamente estos hechos y reitera su petición de perdón "por el grave daño causado a las víctimas en su desarrollo humano y cristiano". Al mismo tiempo muestra su respeto y acatamiento de las resoluciones canónicas, reitera su compromiso de apoyo a las víctimas dentro del marco normativo establecido, y se afianza en su propósito de seguir trabajando activamente para que los espacios eclesiales sean lugares seguros.

Pero no es suficiente. Una de las víctimas de este sacerdote ha destacado que María José Díez le envió esta misma mañana un whatsapp en el que le anunciaba la condena. El mensaje rezaba lo siguiente: 

"Le he llamado para comunicarle el resultado de la investigación de la denuncia por usted presentada, con el fin de comunicarle el resultado personalmente. El reverendo Sánchez Cao ha sido condenado a la prohibición de no tener contacto de ningún tipo con menores hasta los 80 años y a no poder escuchar confesión salvo en los casos previstos en el C. 976 (extrema unción). La Diócesis reitera la petición de perdón y reitera el compromiso para seguir trabajando por una Iglesia más segura. A su disposición".

Emiliano Álvarez, que denunció a Sánchez Cao por abusos, ha declarado que la forma de comunicación ha sido "indignante". "Supone un desprecio total a las víctimas y una cobardía". Álvarez sostiene que en el momento de las agresiones sexuales tenía 10 años y los abusos se prolongaron durante dos años y medio, causándole un perjuicio moral y psicológico que le llevó a intentar suicidarse con 12 años y que le ha acarreado un profundo malestar espiritual y físico que ha estado a punto de destruirle. 

Esta condena se conoce días después de que el propio Papa Francisco haya obligado a la Conferencia Episcopal a investigar todos los casos de pederastia que se han producido en España y el mismo día en el que el obispo de León pedía a las víctimas que denunciaran. 

Emiliano Álvarez se ha sentido totalmente desprotegido y ninguneado por la Iglesia. Asegura que el anterior obispo, José Antonio Menéndez, se negó a acompañarle desde el punto de vista espiritual. No así, con el sacerdote ahora condenado, al que acompañó en la procesión de Santa Rita en el Barco de Valdeorras. Jesús González, el actual monseñor, tampoco ha querido reunirse con él. "Le esperé el día de la ceremonia de su nombramiento como obispo y me mandó a la Policía Nacional". 

"Ángel Sánchez Cao debería estar fuera de la Iglesia", reivindica esta víctima, que considera "aberrante" la opacidad de la Iglesia. "Me imagino que seguirá ejerciendo como sacerdote en alguna parroquia y aquí paz y después, gloria".

"Todos eran enfermos sexuales"

«Siempre digo que yo he sido chapero. De la misma manera que fui molinero o soldador, fui chapero». Emiliano Álvarez utiliza jerga de la prostitución para referirse, aunque pueda parecer paradójico, a la época más inocente de su vida, su infancia, tres años durante los cuales abusaron sexualmente de él. Tenía diez cuando las necesidades económicas de sus padres le llevaron, junto a su hermano mayor, al seminario de La Bañeza, el lugar que alteró su futuro y convirtió el pasado en un convidado de piedra que sigue pegado a su vida como un visitante viscoso y maloliente desde que, siendo un niño, sufrió abusos, según asegura, a manos del cura Ángel Sánchez Cao.

Denunció las agresiones hace dos años, poco después de que se hiciera pública la condena contra José Manuel Ramos Gordón, el cura pederasta que ocasiones por agredir sexualmente a los niños en el seminario de La Bañeza y en el colegio Juan XXIII de Sanabria. Cuenta que en la época en la que estuvo en el seminario (años 70), éste contaba con tres dormitorios comunes. «Pero había habido muchos más». De hecho, explica que el bajocubierta había acogido camas durante el franquismo. «Allí pudo haber más de mil niños», dice y, casi como sin darle importancia, cuenta que todos los curas, «excepto don Apolinar», abusaban de los niños. Además de Sánchez Cao recuerda a dos especialmente ‘activos’: don Tomás y don José». «Aquel era un sitio de taraos. Todos ellos eran enfermos sexuales y utilizaban el seminario como un burdel».

Emiliano defiende el argumento de abuso ampliado. «No hace falta que abusen de ti para que te conviertas en una víctima. El miedo es suficiente», explica mientras relata las noches en las que todos contemplaban desde la cama los abusos que los sacerdotes ejercían sobre otros niños. «Supe lo que ocurría antes de que me tocara a mí. Había un niño sordo que ya estaba cuando yo llegué al seminario. Siempre le veías con don Tomás. Recuerdo que en los vestuarios se tiraba sobre mí, delante de todos, y comenzaba a mover las caderas como si me follara. Era repugnante, pero ahora, después de los años, lo único en lo que puedo pensar es cómo es posible que un niño de once años tuviera ese impulso. Y sólo se me ocurre pensar que repetía lo que le hacían a él». Intento de suicido Emiliano se fugó del seminario una mañana de invierno. Bajó las escaleras, abrió la puerta y creyó que había dejado atrás su vida en La Bañeza. «Lo primero que pensé fue que tenía suicidarme. No podía volver al seminario, pero tampoco contarles a mis padres lo que me ocurría». Atravesó el cementerio de La Bañeza y llegó ante un pozo ante el que permaneció varias horas con la intención de tirarse, de acabar con todo. No lo hizo, pero su vida permaneció a oscuras hasta que casi cuarenta años después se armó de valor para contarle a su madre los abusos sexuales que determinaron el resto de su vida.

Ángel Sánchez Cao, que perdió un juicio contra DIARIO DE LEÓN por calumnias, no fue separado de la parroquia hasta la llegada de una segunda denuncia que, en ese caso, la Diócesis calificó de "fundada".

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