sábado 16/10/21

La cordillera acoge entre 230 y 270 ejemplares

El oso pardo cantábrico está protegido por la legislación española desde el año 1973, cuando se incluyó como especie en peligro de extinción en el Catálogo Español de Especies Amenazadas. También está protegido por la legislación europea, que lo incluye en la Directiva Hábitats como una especie prioritaria cuya conservación supone una especial responsabilidad.

En Castilla y León ocupa dos zonas bien diferenciadas y con poca conectividad entre ellas: la zona occidental, que engloba la zona noroccidental de la provincia de León y que está unida a la población osera asturiana, la de mayor tamaño, y a la gallega, en expansión; y la zona oriental que engloba el extremo nororiental de León y el norte de Palencia, conectada con las zonas oseras de Cantabria.

En toda la Cordillera Cantábrica se contabilizaron en el 2018 un total de 38 osas (31 en la subpoblación occidental y 7 en la oriental) con 64 crías (52 en occidente y 12 en oriente) una vez finalizado el censo que los gobiernos de estas autonomías elaboran anualmente.

De las cifras globales, 22 osas y 38 crías se ubican en la zona occidental de Asturias y 9 osas y 14 crías en la de Castilla y León. En la zona oriental están censadas 7 osas y 12 crías. De estas últimas, 4 osas con esbardos se han observado en Palencia, dos en León y otra en Cantabria. La productividad de oseznos por hembra, en 2018, es muy similar en la subpoblación occidental (1,67 crías) y en la oriental (1,71 crías), siendo la media para la cordillera en su totalidad de 1,68 crías por hembra.

En el periodo comprendido entre 2000 y 2018, se confirma la consolidación de la población de hembras y esbardos, con un ligero incremento de la subpoblación occidental y un escenario demográfico mucho más incipiente, pero estable, en la oriental.

Con los datos globales de 2018 y la media de los últimos 6 años, se estima que la población de oso pardo en la cordillera se sitúa en una horquilla de 230 a 270 animales. De ellos, entre 190 y 230 corresponderían a la subpoblación occidental y, al menos 40, a la oriental.

La positiva situación actual plantea nuevos retos de conservación de la especie que tienen que ser abordados adecuadamente. En esta línea, la Comisión Estatal del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad aprobó en su reunión del 24 de enero de 2019 un protocolo que recoge las pautas de intervención en el caso de osos habituados a la presencia de personas o a la comida de origen humano, realizado por las comunidades afectadas y el Estado.

A su vez, desde la Consejería de Fomento y Medio Ambiente se están desarrollando fórmulas de prevención e indemnización de daños a la apicultura y a la ganadería, donde se subvenciona el 80% del coste de la adquisición e instalación de pastores eléctricos para colmeneros. Además de la línea de prevención, a través del sistema de pagos compensatorios de daños, la Junta de Castilla y León asume los daños causados por el oso a explotaciones apícolas fundamentalmente.

También se trabaja en la regulación de una nueva actividad derivada de la imagen atractiva del oso y del aumento poblacional: el turismo de avistamiento de osos.

La cordillera acoge entre 230 y 270 ejemplares