viernes 23/4/21
Cultivos

Los cultivadores de legumbres esperan ganar producción y el aval del mercado

La IGP de la Alubia pide que se reconozca la calidad del producto amparado por el sello
Plantación de alubias en una finca leonesa. MARCIANO PÉREZ

Los productores de legumbres de Castilla y León, ante la celebración este miércoles del Día Mundial de las mismas, abogan por doblar la producción en la región, en concordancia con la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de hacer lo propio con el consumo. Se trata de un cultivo que mueve anualmente 65 millones de euros en la Comunidad. De hecho, el sector piensa de las 22.000 hectáreas actuales de alubias, lentejas y garbanzos, según datos de 2020 ofrecidos por Agricultura, que producen 31.394 toneladas, se puede crecer a las 40 ó 50.000 en los próximos años porque hay tierras, agricultores y mercado.

El reto será elevar el porcentaje de producción protegida por sellos de calidad, que ahora está en torno al 30 por ciento, para que el agricultor vea incrementado el precio percibido por sus productos, tal y como apunta la Coag a través de un comunicado.

Castilla y León lidera la relación por figuras de calidad con cinco indicaciones geográficas protegidas: Lenteja de la Armuña, Garbanzo de Fuentesaúco, Judía del Barco de Avila, Alubia de la Bañeza y Lenteja de Tierra de Campos, y dos marcas de garantía, Judión de la Granja y Garbanzo Pedrosillano.

Las figuras de calidad venden casi 8 millones de euros, emplean a 800 personas y amparan a 580 explotaciones agrarias y a 46 empresas.

Evaluando estos datos de producción junto a otros de consumo, tales como que en España, se consumen 3,4 kilos de legumbres por persona y año, que la Organización Mundial de la Salud recomienda un consumo por persona y año de entre 6 y 7 kilos para llevar una dieta equilibrada o que, también en España, en los años 50 del siglo pasado, se consumían 13 kilos por persona y año, lleva a una reflexión lógica que ya se han hecho quienes conforman el subsector de legumbres. Y es que el crecimiento potencial es enorme. Con innegables bríos pero escasos medios, están en ello. Dos horizontes se presentan ante los productores que invitan a caminar hacia ellos: uno es avanzar en la producción y otro, avanzar en la protección.

Los implicados, sobre todo quienes están más cerca de los datos, creen que lo ideal sería doblar la producción en los próximos años.

Tras una «buena» campaña en 2020 con una producción en torno al millón de kilos en sus 400 hectáreas, la IGP Alubia La Bañeza-León espera poder seguir creciendo este 2021, tal y como explica el presidente del consejo regulador, Apolinar Castellanos, que detalla que «la expectativa a corto plazo es incrementar la superficie cultivada, pero para eso el cultivo tiene que ser atractivo para el agricultor». En ese sentido, el problema cree que está en que «los mercados no son capaces de reconocer el producto que se obtiene del campo frente a un producto con sello de calidad y no es capaz de repercutirlo en ese agricultor que está amparado por la IGP». «Y eso es algo por lo que tenemos que seguir luchando», concluye Castellanos.

«Un objetivo viable podría ser llegar a las 40 ó 50.000 hectáreas de cultivo en los próximos 6 años», dice Nicolás Armenteros, responsable técnico de las Indicaciones Geográficas Protegidas de Lenteja de la Armuña, Garbanzo de Fuentesaúco, Judías de El Barco de Avila y Garbanzo de Pedrosillo.

Según datos recabados por Coag Castilla y León, el valor del cultivo sería de 65 millones de euros y la potencialidad de crecimiento iría en relación al incremento del porcentaje de producción amparado por las IGP o Marcas de Garantía.

Otro frente es la protección, figura que ha de redundar también en la mayor renta de los agricultores al poder vender sus cultivos más caros. El porcentaje de producción que se contraetiqueta con el sello de las Indicaciones Geográficas Protegidas va subiendo con bastante fuerza.

Javier Alonso, responsable técnico de la IGP Lenteja de Tierra de Campos ofrece cifras relevantes en este sentido. Dice que «en los últimos cinco años se ha doblado el porcentaje de producción de lenteja protegido por la IGP, al pasarse de 450 a 900 toneladas desde 2015».

El precio percibido por el agricultor puede incrementarse, al someterse el cultivo a los parámetros de calidad impuestos por el organismo protector.

Los cultivadores de legumbres esperan ganar producción y el aval del mercado
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