Diario de León

Desde el planeta Tierra

Eran las 10 de la noche. Bajo el frío, a punto de cambiar de año, cinco hombres y dos mujeres descubrieron, desde el planeta tierra, desde un apartado pueblo de León, que el universo encierra misterios. Su experiencia quedó celosamente guardada durante 25 años bajo el sello de «confidencial» de las Fuerzas Armadas.

Publicado por
MARCO A. ROMERO
León

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«Lo que vimos no me lo quita nadie de la cabeza», dice en tono sincero uno de los testigos de avis­tamientos ovni en Puente Almu­hey. 29 años después sigue sin que­rer «pregonarlo a los cuatro vien­tos», pero asegura haberlo llevado «clavado en la cabeza» durante toda su vida.

Como la suya, las declaraciones de otras seis personas marcadas por la misma experiencia han permanecido desde 1968 «clasificadas» en los archivos de Defensa.

Hoy, una vez que han salido a la luz, aparecen nuevos nombres.

Según consta en los testimonios recogidos por dos capitanes del Arma de Aviación, los primeros «fenómenos extraños» fueron observados por un matrimonio y por un mecánico de 19 años. Era un frío y oscuro 24 de noviembre, a las diez de la noche, cuando la pareja de Puente Almuhey avistó un «platillo volante metálico para­do en el valle», renueva la memoria el esposo, 29 años después, mien­tras hace un esfuerzo por señalar el punto exacto: una confluencia de colinas entre León y Palencia cono­cida como La Espina. «Aquí estaba posado», dice a la vez que toca con el índice en el suelo. Su mujer, ya fallecida, le acompañaba en el coche. «Veníamos de Guardo. Habíamos cenado. Era un domingo o una fiesta -quiere recordar-. Por esta carretera no pasaba ni un solo coche, así que estábamos solos. De repente me dice la mujer: lpero tú no lo ves?. Claro que lo estaba viendo. Y o le preguntaba lo mismo y me contestaba lo que yo, que sí, que era un platillo como los que pintan. Los dos estábamos de acuerdo: lo que fuera, lo tenía­mos enfrente». Este mismo testigo, vecino de Puente Almuhey, relata con asombro cómo el aparato, «quizá un invento de los america­nos», se empezó a mover en silen­cio, «sin un solo ruido», narra cada vez más emocionado. «Sentimos mucho miedo, tanto que arranca­mos el coche y nos fuimos para casa». Allí se lo contó a su padre, que no le creyó: «Si estuvieras en la cama no lo habrías visto», le dijo. Nunca más se acercó a aquel lugar para buscar más explicaciones que las que se llevó en 𐀁Au mente. Los del pueblo bromeaban con él y su esposa, y les decían «mira si te lle­van», pero no dieron más vueltas al asunto.

Junto a este matrimonio, un joven de 19 años, mecánico en Puente Almuhey, tuvo el mis­mo avistamien­to y así lo regis­tró Defensa. El iba en su furgo­neta · hacia Guardo, con su novia, actual­mente su mujer, y otros dos ami­gos. Tuvieron que parar el coche «porque un inmenso pla­tillo estaba al lado de la carre­tera. Durante diez minutos, a pesar de la oscuridad, lo vimos», relata Luis Villarroel como si se tratara de un cuento. «Era de metal y no hacía ruido. Como éra­mos jóvenes no nos dio miedo, pero sí nos asustamos cuando lo vimos desaparecer: se desintegró en el mismo sitio donde se mantenía, no se fue ni se movió. Fascinante». Su esposa, María Rosa, dice que vio «lo mismo que mi marido, una luz oculta en el monte. Era demasiado intensa para poder seguirla y poco a poco se fue apagando hasta desa­parecer». «Con los años lo hemos recordado en casa, pero ni nuesfra propia hija nos ha creído, se reía cuando lo contamos», dice María Rosa sonriendo. 

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