lunes. 27.06.2022
La Robla

El desmantelamiento de la térmica no requiere de evaluación ambiental

LA ROBLA. Miteco no prevé daños significativos si se cumplen las medidas establecidas
La central cuenta con dos grandes torres de 120 y 200 metros cada una. RAMIRO

La Dirección General de Calidad y Evaluación Ambiental del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico ha resuelto que no es necesario el sometimiento al procedimiento de evaluación ambiental ordinaria del proyecto para desmantelar los grupos 1 y 2 de la central térmica de La Robla, ya que «no se prevén efectos adversos significativos sobre el medio ambiente, siempre y cuando se cumplan las medidas y prescripciones establecidas en el documento ambiental y en la presente resolución». Así se anuncia en la resolución publicada el pasado viernes en el Boletín Oficial del Estado (BOE) en la que se detalla la solicitud realizada por la empresa Naturgy en junio de 2019, en la que se detalla el proyecto de desmantelamiento, así como las consideraciones realizadas por las distintas entidades implicadas.

El proyecto consiste en el desmantelamiento de los dos grupos de la central térmica La Robla y sus instalaciones, así como la posterior adecuación de la parcela. La central está diseñada para quemar combustibles fósiles sólidos, principalmente hullas y antracitas, y líquidos (gasóleo y fuelóleo).

Proyecto
La clausura se producirá con tres fases: limpieza, desmantelamiento y restauración del suelo

Cada grupo dispone de caldera, turbina, torre de refrigeración y chimenea de evacuación de gases de combustión, de 120 metros de altura la del grupo 1 y de 200 la del grupo 2. El grupo 2 dispone, además, de una unidad de desulfuración para eliminación del dióxido de azufre de los gases de la caldera. Completan la instalación el parque de carbones, las instalaciones de tratamiento de efluentes, los servicios auxiliares (talleres, silos de cenizas, laboratorios, etc.) y el vertedero de residuos no peligrosos para el depósito de cenizas y escorias de la caldera, aunque este no forma parte del proyecto de desmantelamiento.

La central dispone de una planta de tratamiento donde se recogen todos los drenajes y efluentes generados, constituida por un pozo de bombeo de entrada, balsa de regulación en cabecera, dos balsas de decantación, tanque de floculación y mezcla y decantador.

Según indica el promotor, el proyecto se llevará a cabo en tres fases sucesivas. La fase 0 incluye las actuaciones previas al desmantelamiento, como son limpiezas en equipos e instalaciones, retirada y condena de acometidas, instalación de medidas de protección colectiva y de medios para la gestión de residuos. Se habilitan dos zonas de almacenamiento de residuos peligrosos y con contenido en amianto, un almacén de residuos no peligrosos, un lugar de acopio temporal de Residuos de Construcción y Demolición (RCD en adelante) y un lugar de acopio de la chatarra, para su posterior evacuación a gestor autorizado.

En la fase 1 se ejecuta materialmente el desmantelamiento, mediante la técnica de demolición del «top down» con retroexcavadora y, ocasionalmente, para estructuras de gran envergadura, con oxicorte o demolición por tracción o voladura. Se sellan las entradas de las galerías y tolvas subterráneas del parque de carbones y galerías de las zonas de descarga ferroviaria mediante muros o losas de hormigón.

El azud sobre el río Bernesga se retira para propiciar un caudal ecológico demoliendo parcialmente los tres vanos del azud, si bien Naturgy valora igualmente la eliminación completa del puente y sus soportes. La actuación conlleva operaciones que garanticen la ausencia de agua en la zona de trabajo (ataguías de tierras, el desvío del cauce, etc.).

Los combustibles, lubricantes, aceites, productos químicos, etc., extraídos de los equipos o tanques que no puedan ser reutilizados en otras instalaciones se calificarán como Residuos Peligrosos y se procederá a su retirada y gestión, según la normativa vigente.

En la fase 2 se procederá a la restauración de la parcela, diferenciándose para ello dos zonas: las potencialmente contaminadas por los usos desarrollados; y aquellas en las que, finalizado el achatarramiento, se han generado fosos, zanjas, desniveles, etc. Las primeras permanecerán sin actuación, con el fin de proceder, eventualmente, a una toma de muestras para un estudio de suelo ulterior. En las segundas se procederá al relleno y tapado de zanjas con material adecuado del achatarramiento (preferentemente el hormigón limpio demolido), y de la propia demolición. Finalizado el relleno, las soleras resultantes se nivelarán y regularizarán con la pendiente que presente la parcela en el punto en que estén ubicadas.

El desmantelamiento de la térmica no requiere de evaluación ambiental
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