martes 7/12/21
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RAMIRO

La despoblación de los pequeños municipios de León es inevitable «por la lógica de la demografía» y no hay opciones a no ser que se apliquen políticas activas para la generación de empleo y la atracción de los jóvenes. Esta es una de las conclusiones de la intervención ayer del director del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad Pompeu Fabra, Albert Esteve, en el marco del III Congreso sobre Despoblación que organiza Diario de León. Esteve realizó una exhaustiva radiografía de la evolución demográfica en el país en el siglo pasado, en la que hay que buscar el origen de la despoblación que hoy azota a gran parte de Castilla y León. Según afirmó, la situación de «despoblación irreversible» que afecta a gran parte de los municipios de menos de 500 habitantes se debe a la gran concentración de personas mayores, especialmente hombres de entre 45 y 90 años. El crecimiento natural de la población, es decir, la diferencia entre las defunciones y los nacimientos, es lo que marca este ritmo demográfico y no la marcha de jóvenes puesto que por cada tres personas que fallecen, se va una, según los datos del Instituto Nacional de Estadística. Esteve detalló que en Castilla y León hay 1.800 municipios de menos de 500 habitantes, con una población de 300.000 personas en total. En los últimos cinco años, estas localidades han perdido 30.000 personas (22.000 de ellas debido al crecimiento natural). A juicio de Esteve, para poder mantener el mismo nivel de población en los próximos 20 años a los municipios de 150 habitantes debería llegar una persona cada año, lo que supondría recibir a todos los que llegaron a España entre 2000 y 2010, una cifra prácticamente imposible. De hecho asegura que aunque todos los jóvenes que viven en municipios de menos de 500 habitantes tuvieran dos hijos («prácticamente un milagro», según afirmó) estas poblaciones seguirían perdiendo población durante los próximos 70 años ante el alto índice de envejecimiento y, en consecuencia, de defunciones que se producen en estos municipios.

A su juicio, se debería abandonar la idea de valorar la población absoluta como índice de referencia, para poder conocer así «qué estamos haciendo mal». Es fundamental aumentar la natalidad y promover un cambio generacional, así como «identificar actividades» que puedan atraer a la población más joven y, sobre todo, «que no se nos escape nadie».

En su intervención, Esteve repasó los fenómenos migratorios del siglo XX y apuntó que la raíz del problema que se está viviendo ahora en las regiones despobladas se origina en las décadas comprendidas entre 1951 y 1981, con la gran revolución migratoria dentro de España, con caídas de entre 50 y 60 personas por cada 1.000 habitantes en las zonas que ahora sufren la despoblación más acusada.

«La despoblación es irreversible en los pequeños municipios»
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