jueves 22/10/20
Más de 50 años de recopilación

Una dulce colección hecha a base de pedir miles de cafés

Daniel Pérez Rubio lleva desde 1968 coleccionando sobres de azucarillos allá por donde pisa con el afán de guardar un recuerdo original
Coleccionista de azucarillos desde hace más de 50 años. RAMIRO
Coleccionista de azucarillos desde hace más de 50 años. RAMIRO

Son muchos los que se aventuran a realizar cualquier tipo de colección, pero son pocos los que tienen la voluntad de ir recopilando poco a poco parte de esa colección. Un esfuerzo que ha cumplido como pocos Daniel Pérez Rubio —natural de Quintana del Marco— a base de pedir miles de cafés allá por donde va.

«Desde mi juventud siempre tuve claro que yo tenía que hacer alguna colección. Fue un día en un pensión en Madrid, en el año 1968, donde conocí a una persona que venía almacenando sobres vacíos de azucarillos y, al verle, me animé a copiarle la idea», explica Daniel.

A partir de ese momento, con tan sólo 20 años, comenzó a coleccionar todo los envoltorios de azúcar que le servían con el café —coleccionismo conocido por algunos como glucofilia—, dando vida a una curiosa recopilación que se ha extendido hasta hoy en día.

El confinamiento, clave

Daniel aprovechó esos días para ordenar sus azucarillos en láminas por lugar o por temática

Tras más de 50 años llevando a cabo esta singular afición, de la que asegura que «muchos al principio se sorprendían cuando me veían guardar los azucarillos, pero con el paso del tiempo muchos amigos me los guardaban y luego me los daban como es el caso de un amigo portugués que durante muchos años me los enviaba por correo como felicitación navideña», Daniel ha conseguido almacenar más de 4.000 sobres de azucarillos de diferentes partes de León, de España e incluso del extranjero con distintas temáticas.

Una de las muestras de su colección. RAMIROUna de las muestras de su colección. RAMIRO

Una ingente cantidad de envoltorios que hasta antes del confinamiento provocado por la pandemia del Covid-19 tenía amontonados en bolsas de plástico «hasta casi desbordarse» ante su falta de tiempo ni ganas para clasificarlos. Sin embargo, en lugar de ver como pasaba el tiempo, Daniel aprovechó dicho confinamiento para llevar a cabo la clasificación de sus miles de azucarillos que siempre dejó en un segundo plano.

Una labor que al principio confiesa que le parecía «inabarcable», pero que después de más de cien días encerrado en casa ese desorden se reconvirtió en 244 láminas (incluyendo en cada una ocho o diez sobres) ordenadas en tres archivadores según el lugar o la temática.

Otros coleccionables. RAMIRO
Otros coleccionables. RAMIRO

«Encima de una cama, que era la superficie más amplía que tenía, empecé a vaciar las bolsas con los sobres y a darle vueltas a la cabeza para ver cómo clasificarlos», apunta Daniel, a la par que detalla: «primero los separaba por nacionales y extranjeros, luego, dentro de los nacionales por comunidades autónomas y dentro de éstas por provincias. Otros muchos, al no saber de dónde eran los agrupaba por temática, así hay de fútbol, señales de tráfico, flora y fauna, etc.».

En total, en los tres archivadores ha conseguido ordenar 2.400 sobres de azucarillos —estando prácticamente el resto repetidos—, contando con algunos de bares ya desaparecidos. Sin afán de presumir de ellos, sino que más para mantenerlos como un recuerdo, Daniel asevera que «esto me ha servido para comprobar que la paciencia es una gran virtud y que bien empleada sirve para derribar grandes obstáculos». A la postre, entre risas, concluye: «también me ha servido para pasar un confinamiento mucho más entretenido».

Una dulce colección hecha a base de pedir miles de cafés
Comentarios