jueves. 09.02.2023
Ahora que me dispongo a recoger el nacimiento, contemplo las figuras del Belén con el mismo entusiasmo que cuando era niña. Tengo en mis manos la de uno de tantos pastores que pueblan el paisaje navideño, y es que ser pastor es el oficio por excelencia de la Navidad. Como también lo es de Miguel Ángel Alija Gil, vicepresidente de Agala (Asociación de Ganaderos Lanar) hasta el pasado febrero del 2002. Este hombre, merecedor de un reconocimiento dado por los ganaderos extremeños en la Segunda Subasta de Merino, celebrada en el Soto Nuevo de Veguellina de Órbigo, es objeto hoy de una merecida atención, para definir una gran profesión. Ha vivido y vive su profesión con un cariño y una dedicación que hablan por sí mismas de la gran persona que se esconde tras ese ganadero y pastor. Dice que para un rebaño como el suyo, de 700 a 800 cabezas, harían falta dos personas, pero él, como tantos otros, se ha visto abocado a tener que ingeniárselas él solito porque las subvenciones y los apoyos para este sector ganadero tan importante están en el aire. Alija explica con orgullo en sus pupilas, que cuando acabó la escuela, a los 14 años, se colocó de pastor. Tras un largo recorrido y experimentado trabajo se hace ganadero, es decir se pone al frente de su propio rebaño. Hoy se encuentra, como una gran mayoría con la gran problemática de que a la Administración le importa más el papeleo que la propia explotación (en ésto llevan ventaja los pastores del nacimiento), con lo cual el ganadero se siente desamparado y llegará el día que no podrá ni vender sus ovejas, ni hacer frente a las exigencias del mercado. Por eso Alija cree importante que la profesión sea tratada como se merece, ya que hay muchos jóvenes no tienen claro su futuro ni el de sus rebaños.

El oficio de pastor
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