miércoles. 06.07.2022

El popular Juan Martínez Majo asumió la presidencia de la Diputación con una amplia mayoría en la que, sin embargo, no se ha acomodado. Con la corporación más plural que se ha asentado nunca en el Palacio de los Guzmanes —seis partidos políticos con representación— , el presidente de la institución provincial ha sabido conciliar posturas y abanderar una política de consenso que contrasta con los anteriores mandatos y que algunos han tildado ya como el final del ‘caciquismo’. Sus hitos en los últimos doce meses se concretan en la implicación de los ayuntamientos en la tramitación de los planes provinciales, el reparto equitativo de las obras con criterios objetivos, y no políticos, y en que las inversiones lleguen a todos y cada uno de los pueblos para que se cumpla su máxima de que la Diputación es «la casa de todos». Encontrarse con las arcas llenas gracias al superávit del pasado año le han facilitado la gestión de una de las provincias con más localidades del país. Pero aún son muchos los retos y el más acuciante es dar solución a la falta de cobertura contra los incendios en los pueblos. La despoblación, la crisis de la minería y la espada de Damocles que pende sobre las diputaciones son tres batallas que quedan por librar.

El rostro de la nueva era