jueves 22.08.2019
abusos en la iglesia

«En la Diócesis hay un documento que prueba que el obispo conocía los abusos»

Las víctimas de pederastia lamentan que Menéndez eche «balones fuera» en la entrevista.
«En la Diócesis hay un documento que prueba que el obispo conocía los abusos»

«¿Que qué me parecen las declaraciones del obispo?» Javier, la víctima de Ramos Gordón está harta de hablar. Lo hace porque no le queda más remedio. «Yo abrí el camino y tengo que continuar porque lo que quieren es lavarse las manos y echarle la culpa a los muertos», dice al tiempo que advierte de que el tiempo de la negación se acaba: «Yo tengo pruebas de que sabían, de que todos ellos, incluido el obispo (Antonio Briva), conocieron y otorgaron», y explica que el anterior vicario judicial, Julio Alonso, le aseguró en el transcurso de su proceso de que había papeles que lo probaban. «Me explicó que durante la investigación previa al proceso descubrió que había una reseña que hablaba de nuestro caso (se refiere a él y a su hermano gemelo), aunque luego lo negó». Javier, que asegura contar con pruebas de sus afirmaciones, sostiene además que otro de los que conocían el caso es Marcos Lobato, que ocupó la Vicaría General durante 37 años.

La entrevista con el obispo de Astorga publicada ayer por Diario de León ya ha provocado las primeras reacciones. Las víctimas coinciden en definirla con el mismo calificativo: «Balones fuera». Javier muestra su indignación por la frase en la que Menéndez afirma que las autoridades eclesiásticas debieron animar a los padres a denunciar los abusos sexuales: «Lo que debieron hacer fue parar aquel infierno cuando se les pidió auxilio», y añade que los que tuvieron responsabilidad guardaron silencio «de manera dolosa». Así, advierte de que, lejos de ayudarles, todos ellos les causaron más dolor: «Nos lo dijo el propio don Gregorio (rector del seminario) cuando nos advirtió de que nos dejaríamos la piel allí». La víctima de las agresiones sexuales del sacerdote, que estuvo durante tres años en el seminario de La Bañeza, recuerda además que previamente había pasado otros tantos en el colegio de Puebla de Sanabria donde varios niños también sufrieron abusos. De hecho, ya ha habido una sentencia y en estos momentos hay en marcha una investigación de otra denuncia. destapada por Diario de León.

Javier le recuerda al obispo que hay otra víctima de José Manuel Ramos Gordón que declaró en su proceso: «Quedó con Julio Alonso en un restaurante de León para contarle su caso», y asegura que este niño compartía dormitorio y curso con él y con su hermano. «El propio vicario me prohibió hablar de él en presencia del notario, Francisco Javier Gay». Javier exige una vez más que le den una copia de su proceso con el fin de conocer qué se incluyó y qué no en la instrucción que se envió a Roma: ¿Por qué la tiene mi agresor y yo no?», se pregunta.

Emiliano Álvarez, víctima de Ángel Sánchez Cao tampoco entiende las contestaciones del obispo. «Lo único que hace es buscar excusas y exculparse de todo lo que ha ocurrido». Álvarez, que estuvo interno en el seminario de Astorga en los setenta, diez antes que Javier, se pregunta con qué víctimas se ha reunido el obispo: «No se ha reunido con ninguna a no ser que haya más de las que conocemos», dice. Emiliano sostiene que el único miedo que mueve a la Iglesia es el económico y recuerda que desde que puso la denuncia hace dos años no ha recibido ni una carta, ni información «ni nada». «Miente el obispo y miente la Conferencia Episcopal». «Nadie sabe nada porque todo son mentiras y a mi me indigna ver estas cosas de un obispo», que defiende que si Juan Antonio Menéndez no tiene la vocación de resolver para siempre la lacra de la pederastia en la diócesis tendría que emular al responsable del Obispado de Tarragona, que dimitió de su cargo la semana pasada tras exculpar a dos curas acusados de agresión sexual a menores.

«En la Diócesis hay un documento que prueba que el obispo conocía los abusos»