martes 17/5/22

Rodríguez Ferri, gran experto en enfermedades de origen animal, explica que la gripe aviar, o peste aviar como también se la conoce, es una epidemia iniciada en aves salvajes de zonas de Rusia, como Mongolia. Son estas aves migratorias las que en sus desplazamientos hacia el oeste se cruzan en lagunas o humedales y transmiten la enfermedad. «Esos medios acuáticos de aguas estancadas suponen todo un peligro para esta enfermedad», explica Rodríguez Ferri. Es ahí cuando tienen que ponerse en marcha las medidas de bioseguridad, explica el catedrático, para que esas aves salvajes no entren en contacto con las domésticas. «Cuando además esas aves se crían en libertad el riesgo es mucho mayor», asegura el catedrático, que recuerda que es un virus que muta muy rápido. «Hoy las aves están bien y mañana te las encuentras muertas», comenta.

Por eso, insiste, en que «ante el primer caso confirmado, las autoridades sanitarias y veterinarias se ponen en marcha con los círculos concéntricos, con los que controlan cualquier avance de la enfermedad en área de espacio determinado».

En este sentido, afirma que «hay pocas enfermedades que estén tan controladas como esta».

Respecto a una posible amenaza para la personas, Rodríguez Ferri asegura que «como todas las enfermedades de origen animal, hay que tener respeto», pero lanza un mensaje tranquilizador, porque aunque «se dice que es una enfermedad zoonótica —que puede transmitirse de animales a personas— es muy difícil que haya un contacto».

Lo que quiere dejar claro es que «en este y en todos los casos la precaución es la norma», por lo que recomienda a todo el mundo que si se encuentra en ave muerta en el medio natural «no la toque bajo ningún concepto y se ponga cuanto antes en contacto con las autoridades sanitarias para que la recojan y la analicen».

Por lo que se refiere a la seguridad alimentaria, Rodríguez Ferri asegura que «hay plena seguridad», ya que todas las aves detectadas son sacrificadas e incineradas por lo que jamás llegan al marcado». Además, en el caso de su consumo, el virus es sensible a las altas y bajas temperaturas, por lo que a no ser que se consuma crudo el animal, la transmisión no es posible».

En este sentido recuerda que el contagio no es por consumo, sino que en este caso es fecal (excrementos) o oral, a través del agua, por lo que las aves que frecuentan zonas acuáticas están más expuestas. También es por vía respiratoria pero «siempre entre especies».

Una enfermedad que llega de aves migratorias y amenaza a las especies criadas en libertad
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