viernes 3/12/21
Aitor Guerra, en la nave que tiene en Gradefes donde aloja parte de su extensa ganadería. RAMIRO

Es quizás uno de los sectores que se muestran más críticos con la gestión que actualmente se hace de las poblaciones del lobo ibérico, será porque también es el que sufre más directamente las consecuencias de lo que ahora se denomina coexistencia con la especie. El sector ganadero tiene mucho que decir a la hora de definir el futuro de esta especie, ya que en parte, su futuro también está en juego. «No entiendo que en este debate decidan sobre la gestión del lobo comunidades autónomas como las del sur que no han visto un lobo en su vida, mientras que a los ganaderos de aquí, que lidiamos todos los días con su presencia, ni si quiera se nos haya escuchado», lamenta Aitor Guerra, un ganadero de la zona de Gradefes, y que también tiene ganado en extensivo en los valles de Valdeón, que sufre de manera constante los ataques del cánido. Lo que tiene totalmente claro es que sin la caza, los lobos se expandirán aún más y aumentarán los ataques como el que él mismo presenció hace un mes, cuando una manda de seis lobos se cebaba con su ganado. «Te hierve la sangre, pero no puedes hacer nada», relata. «Te consuela pensar que por lo menos algo te pagarán, pero siempre es a año vencido, y no todos los daños causados, porque en este caso pude declarar siete terneros, pero otros tres desaparecieron y esos no te los pagan, como tampoco los abortos que sufren las vacas cuando se han tendido que defender de un ataque».

Además cuenta que desde hace cuatro años, cuando se incorporó su pareja Vanessa a la explotación y constituyeron una titularidad compartida, se les deniegan los cobros por los daños del lobo. «Lo tenemos recurrido, porque no se entiende que mientras que por un lado tratan de fomentar la incorporación de las mujeres al sector, por otro nos pongan trabas de este tipo», lamenta.

Este ganadero, que cuenta con una cabaña de cerca de 290 cabezas, explica que mientras tiene a las vacas en su nave de Gradefes no hay problemas, pero que cuando las lleva a pastar a Posada de Valdeón, donde las tiene en extensivo, tienen problemas todos los días. «Es como una lotería, cuando no te toca a ti le toca a tu vecino, lo que está claro es que el lobo come todos los días, y el ganado es su presa más fácil», lamenta. Además, en este caso, asegura que la tenencia de mastines es más un problema que una solución, ya que «al tratarse de una zona turística, como lo es Picos de Europa, puedes tener problemas con las personas que vienen a disfrutar de la naturaleza y que no saben muy bien donde están los límites con la ganadería».

«Es como una lotería, si no te toca a ti le toca al vecino»
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