martes. 16.08.2022
Luego de echarle una ojeada a «El periodismo es un cuento» de Manuel Rivas, uno llega a la conclusión de que también los periodistas, o los que en cierto modo ejercemos de periodistas, escribimos cuentos y relatos, pequeñas novelas y algún que otro poema en prosa. La diferencia entre periodista y escritor no existe a primera vista. O no debería existir. Aunque la realidad, nuestra realidad hecha de ponzoña y muy mala leche, se empeñe en desmentir esto. «El periodista es un escritor -según Rivas-. Trabaja con palabras. Busca comunicar una historia y lo hace con una voluntad de estilo». Escritor es quien escribe, nomás, y periodista idem de lienzo. Otra cosa es lo que uno escribe, donde lo escribe y cómo lo cuenta. Ahí está la mamá de los pollitos, la gallina de los huevos de oro. «Escritor y periodista. Para mí siempre fueron el mismo oficio». El propio Rivas es un magnífico periodista, y sus artículos nos resultan ciertamente literarios. «Galicia, Galicia» es un buen ejemplo de ello. Ni todos los periodistas son unos tuercebotas, como se nos pintan en ocasiones, ni todos los escritores son gloria bendita. No se vayan a creer. Hay de todo, como en botica. Escritores mediocres y vomitivos los hay a patadas. Hablo incluso de escritores que venden muchos libros y aparecen con harta frecuencia en los medios de comunicación. Ya se sabe que en la actualidad quien no aparezca en televisión es como si no existiera de cara al vulgo pensante. Como éstos no son tiempos para la lírica, el menos lírico y más capullín suele ser quien pasa a ocupar algún trono de las letras. No hace falta vender mucho ni escribir miles de páginas para ser un buen escritor o un buen periodista. El mejicano Juan Rulfo sigue pareciéndonos un escritor extraordinario, insuperable, a pesar de sus pocas páginas publicadas. A lo largo de la historia también ha habido periodistas ilustres, como Larra, no dejen de leer sus artículos de costumbres, o García Márquez, que con el paso de los años se ha convertido en uno de los mejores escritores de todos los tiempos en lengua española. Ejercer el periodismo diario es una buena forma, sin duda, de foguearse como escritor. Ni que decir tiene que a escribir se aprende escribiendo. Otra cosa es el talento que uno tenga. Ahí está el genio Umbral que nos sorprende y casi siempre nos maravilla con sus artículos. El cualquier caso, el destino del lenguaje, tanto en el escritor como el periodista, alarse hasta los tuétanos.

Escritor y periodista
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