viernes 20/5/22
La villa ha contado desde los Osorio a los Gullón, con un buen número de estirpes con abolengo

Familias, prohombres y una sola ciudad

Distinguida como Augusta y Magnífica por César Augusto y Plinio, títulos a los que posteriormente se añadieron los de Muy Noble, Leal y Benemérita, As
Astorga, cuna de ilustres hijos y ciudad de adopción para otros, ha tenido siempre la aureola de población ilustre, tanto por lo que por sí sola ha representado como por lo que sus hijos, allende de sus fronteras, lo han hecho. Sin hacer mención a los prohombres del siglo XX, en boca de todos y en algunos casos,, por suerte, aún vivos, Astúrica Augusta tiene el honor de haber sido la última morada de reyes, como Alfonso III El Magno y su esposa Jimena. Ramiro III, cuyos restos están sepultados en la Catedral, Fernando II, o el infante Juan, hijo de Alfonso El Sabio también han quedado para siempre en el recuerdo de una ciudad que en su día contó con innumerables familias nobles, de cuya autenticidad aún se encuentran vestigios en los escudos que algunas edificaciones aún mantienen a pesar del inexorable paso del tiempo. Entre todas ellas destacan las de los Turienzos, enlazada con los Osorios, marqueses de la ciudad y apellido que durante mucho tiempo rigió la bimilenaria ciudad. También fue importante en su día el apellido Carrera, señores del Valle de Magaz, o la familia Ovalle, regidores durante infinidad de años en el Ayuntamiento, en el cual, por faltar llamamientos, recayó el mayorazgo fundado por uno de sus descendientes. Su palacio estaba ubicado en la actual plaza de San Bartolomé y alguno de sus restos aún puede apreciarse de manera diáfana en la zona interior de la muralla. Otra familia de abolengo fue la de los Becerra, en lazada con la de Aguilar y otras. Su origen es de la localidad cepedana Villaobispo e incluso en su día se buscó un posible parentesco con el artista encargado de realizar el coro de la Catedral, Gaspar de Becerra. Otras familias ilustres y con notable presencia en el tiempo de la ciudad astorgana fueron la de los Rojas, Herreras, Ballesteros (el presbítero Marcelino Ballesteros fue uno de sus últimos descendientes en Astorga), Escobar (enlazada con los Osorios), la de los Junco (en la antigua iglesia de San Francisco tenían su capilla), Manrique (cuyo mayorazgo fundó Hernán García, cura párroco de San Bartolomé), los Muñiz (uno de sus miembros, Pedro Muñiz Osorio era en 1666 señor de Castrillo de las Piedras), los Morenos (enlazada con los Bazán, Miranda, Pernía, Escarpizo y Osorio) o la de los Gagos López. Historia con nombres También son dignas de mencionar la de los Hormazas, señores del Val de San Román, los Tineo Láncara (señor de las Regueras y Lagunas de Somoza), los Flórez Osorio (vizcondes de Quintanilla de Flórez), Aguilar o los Mayorgas, oriundos del barrio de San Andrés. Junto a estas familias, importantes en los siglos precedentes al XX, han florecido otras más recientes o derivadas de las anteriormente mencionadas cuya relevancia también fue notoria a lo largo de muchos años, eso sí, con un diferente abolengo al mostrado por sus predecesoras, algunas de las cuales aún son recordadas por la gente, en gran medida a estudios históricos o a plazas y escudos que en pequeña medida se conservan en la capital maragata y en las poblaciones donde estuvieron de alguna forma asentados. En este segundo apartado se pueden nombrar a los Gullón (con Pío Gullón y José María Gullón como miembros más destacados), Blanco de Cela (sin duda alguna Lope María fue su gran figura) así como otra serie de figuras, que si bien no lograron mantener una saga de continuadores, por sí solos demostraron su valía y notoriedad que aún la ciudad recuerda y agradece. Eso sin contar a otros personajes (decenas de ellos, algunos contemporáneos) y familias que también tuvieron brillante notoriedad en la sociedad española y cuya procedencia era de Maragatería o La Cepeda, comarcas astorganas que sin duda alguna tuvieron mucho que decir y lo seguirán haciendo en el contexto local, provincial y nacional.

Familias, prohombres y una sola ciudad