jueves 26/11/20
La huella minera en los espacios naturales

Fapas recupera una mina a cielo abierto abandonada como hábitat para el urogallo

Murias de Ponjos. Desde el año 2014 la asociación restaura zonas degradadas en toda la Cordillera Cantábrica
Trabajo manual, casi sin máquinas. La forma de trabajo de Fapas a la hora de restaurar zonas degradadas se caracteriza por la ausencia de maquinaria pesada, tan solo un pequeño tractor, ya que la mayor parte
de los trabajos para preparar la tierra y para reforestar se realiza de manera manual para no perjudicar más el terreno.
Trabajo manual, casi sin máquinas. La forma de trabajo de Fapas a la hora de restaurar zonas degradadas se caracteriza por la ausencia de maquinaria pesada, tan solo un pequeño tractor, ya que la mayor parte de los trabajos para preparar la tierra y para reforestar se realiza de manera manual para no perjudicar más el terreno.

Ganar espacio a la degradación que el paso de la minería ha dejado en los espacios naturales para abrir un nuevo camino a la recuperación del urogallo. Este es el objetivo del proyecto que está llevando a cabo el Fondo para la Recuperación de Animales Silvestres (Fapas) desde el año 2014 en distintos puntos de la Cordillera Cantábrica.

Después de restaurar otros espacios de alto valor ecológico en Asturias y Cantabria, esta asociación conservacionista ha puesto sus ojos en la comarca de Omaña, uno de los pocos reductos de la Cordillera Cantábrica donde se pueden localizar todavía ejemplares de urogallos. Gracias a la ayuda de la Fundación del Banco de Santander, adquirieron una mina abandonada de setenta hectáreas en la localidad de Murias de Ponjos, explotada en su día por Coto Minero del Cantábrico, para llevar a cabo un proyecto de restauración ambiental, que se aleja mucho de otros proyectos llevados a cabo hasta el momento y que nada o poco tienen que ver con el objetivo único de recuperar los valores ecológicos autóctonos de estos espacios.

La mina viene a ser un conjunto de terrenos totalmente degradados o parcialmente cubiertos de vegetación que ha crecido espontáneamente. Un auténtico banco de pruebas para poner la experiencia del Fapas en restauración de terrenos degradados, tal y como ya ha hecho en Degaña (Asturias).

Área de actuación 
La mina, de 70 hectáreas, fue explotada a cielo abierto en su día por Coto Minero del  Cantábrico

«Estamos acostumbrados a los proyectos llevados a cabo por la administración para tapar la huella que la minería ha dejado en lugares de alto valor ecológico, en los que se gastan miles de millones en remover la tierra con abundate maquinaria pesada y en emplear recursos forestales que nada tienen que ver con los territorios», explica Roberto Hartasánchez, responsable del proyecto. «Cuando terminan, el suelo queda aterrazado y abandonado a una revegetación espontánea sin ningún valor ecológico», concreta. «Hay zonas donde pasa el tiempo y no crece ni una hierba, lo que da idea de la calidad del suelo que ha quedado», añade.

Para revertir este tipo de actuaciones, Fapas comenzó a trabajar esta semana en la zona, donde se desarrollan técnicas basadas en un modelo de restauración que pueda servir de referencia a otras posibles actuaciones de recuperación de zonas degradadas por la minería.

Recursos alimenticios
Las actuaciones están encaminadas a garantizar una estructura vegetal para que sobrevivan los urogallos

Lamentablemente, la ausencia de trabajos de investigación intensos, ha generado un gran desconocimiento de cómo afrontar la recuperación del urogallo cantábrico.

Los grandes expertos de esta especie en Europa, apuntan a que la destrucción y la pérdida de hábitat favorable es la principal causa de la regresión de esta especie.

La matorralización excesiva de las montañas por ausencia de manejo y la pérdida de estructuras ecológicas muy sensibles como son las arandaneras, se postulan como los principales factores.

«Investigar, conocer y aplicar técnicas que mejoren el hábitat del urogallo, se manifiestan hoy como una de las principales, si no la más prioritaria para proteger a esta especie», apuntan los responsables de Fapas.

Restauración masiva
El suelo queda aterrazado
y abandonado a una
revegetación espontánea
sin ningún valor ecológico

Todas las actuaciones deben de orientarse en conseguir una estructura vegetal del terreno que por un lado aporte recursos alimenticios, tanto a la especie en estado adulto, como lo más importante a nivel de insectos para los polluelos en sus primeros días de vida.

Nunca se ha llevado a cabo un trabajo de restauración de hábitat de urogallo en la Cordillera Cantábrica que cubriera unos requerimientos tan específicos, desde la plantación de vegetación, la necesidad de favorecer su polinización. Por eso, el proyecto se basa en la creación de formaciones vegetales arbóreas de cobertura y sotobosque asociadas a la producción de frutos y azúcares que es la base de la alimentación de los insectos que forman parte esencia de los pollos de urogallo.

En definitiva, el proyecto se ejecuta sobre una parcela de terreno que sería convertida en un auténtico laboratorio biológico al aire libre. De hecho aprovechan hasta las balsas creadas por la actividad minera para acondicionar nuevos espacios naturales donde se favorezca la creación de plantas autóctonas.

Fapas recupera una mina a cielo abierto abandonada como hábitat para el urogallo
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