miércoles. 06.07.2022

Guadarrama engrosa desde ayer la lista de Parques Nacionales y aporta una gran riqueza de flora y fauna, un paisaje muy característico que aglutina durante siglos a los llamados «guadarramistas» y un territorio circundante, o «encapsulado» en su interior, profundamente intervenido por el hombre.

El nuevo parque ocupa una superficie de 34.000 hectáreas, repartidas en dos comunidades, 21.740 en Madrid y 11.924 en Castilla y León.

Será el segundo de estos espacios compartido por más de una comunidad, después del de Picos de Europa, que se extiende por Asturias, Cantabria y Castilla y León.

Los trámites administrativos comenzaron en 2001, aunque los esfuerzos para reconocer el valor paisajístico y ambiental de la Sierra de Guadarrama comenzaron hace más de un siglo.

Abedules, acebos, avellanos, narcisos, robles, rosales silvestres, sauces, y sobre todo pinos, cubren el parque, un espacio en el que están presentes el 40% de las especies de anfibios y reptiles de España, el 39% de las aves y el 50% de los mamíferos.

Entre esa fauna, destacan especies como el águila imperial o la cigüeña negra -ambas en peligro de extinción-, la nutria, el corzo, la cabra montés, la rana patilarga, el sapo portero, el tritón jaspeado o las musarañas.

Las más de 33.000 hectáreas que lo integran lo hacen en el quinto más extenso de España, superado sólo por los de Sierra Nevada, Picos de Europa, Doñana y Cabañeros.

El Guadarrama es ya el segundo parque nacional de la comunidad