Diario de León

León mantiene su buena tendencia y cierra 2020 con 225 incendios que quemaron 1.154 hectáreas

Ávila, con el siniestro de Navalacruz, encabeza los peores datos de la comunidad donde se han calcinado 27.185 hectáreas

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La provincia de León ha dejado de ser el punto negro del mapa de la siniestralidad forestal de Castilla y León. Lejos están ya esos años en los que la provincia acaparaba hasta la mitad de la superficie quemada en Castilla y León. Así lo confirman los datos de los incendios forestales de este año que acaba, donde la provincia ha registrado 225 de los 1.003 incendios declarados en Castilla y León, con una superficie afectada de 1.154 de las 27.185 hectáreas contabilizadas en todo el territorio autonómico.

De esas 1.154 hectáreas, 164 afectaron a superficie arbolada de la provincia, 770 a matorral y monte bajo y las 219 restantes a pastos. En estos meses solo se ha registrado en León un GIF —gran incendio forestal, que así se llaman cuando superan las 500 hectáreas—, y que fue el declarado en Luyego el 25 de mayo de este año, concretamente en campo de tiro del Teleno, y que calcinó 650 de superficie no forestal por culpa de unas maniobras militares, la misma causa que en 1998 calcinó en esta zona cerca de cuatro mil hectáreas.

La provincia más afectada este año por el fuego ha sido Ávila, protagonista además del peor incendio a nivel nacional, el de Navalacruz, en plena zona de Gredos, donde un coche recalentado produjo el pasado 14 de agosto el incendio más grave de la historia de Castilla y León al quemar más de 21.000 hectáreas. La segunda provincia más afectada fue Salamanca, con 2.019 hectáreas, seguida de Zamora, con 1.139, dejando a León, por primera vez en muchos años, en un cuarto lugar con las 1.154 hectáreas quemadas este año.

Este dato, a pesar de ser algo más de cien hectáreas más que en 2020, confirma la tendencia a la baja de los incendios de la provincia, y deja atrás años como el 2017 donde se quemaron 22.158 hectáreas, o el trágico 2012, con 23.375 hectáreas, 11.724 de las cuales correspondieron al incendio de Castrocontrigo, el peor de los declarados en la provincia, y que se produjo por la acción de un pirómano que todavía no se ha conseguido sentar ante el juez.

Sin bajar la guardia

«Llevamos cuatro años con unos datos de siniestralidad muy aceptables, pero en el caso de los incendios forestales nunca hay que bajar la guardia», explica Pedro Bécares, jefe de la sección de Protección de la Naturaleza de la Delegación Territorial de la Junta de Castilla y León, que apunta que al igual que ocurre con cualquier actividad que depende tanto de las condiciones meteorológicas, «estamos sujetos a ciclos». Lo que sí tiene claro es que esta campaña ha sido especialmente buena porque se ha trabajado mucho en la prevención, en la detección precoz del incendio y en la persecución del delito, algo a tener en cuenta, ya que casi el 98% de los incendios son provocados por el hombre, el 56% de forma intencionada, y el 35 restante por accidentes o negligencias.

Las cámaras de vigilancia nocturna del Bierzo, que detectan cualquier fuego por precoz que sea, y que recoge también las imágenes de sus posibles causantes, están funcionando «muy bien», según Bécares, ya que «actúan como un importante elemento disuasorio». Igual que la campaña para mitigar la avispilla en el castaño del Bierzo, y mediante el cual se suelta un parásito llamado toribus para combatirla y que impide hacer quemas de los restos de los castaños para proteger su ciclo biológico y ganar efectividad. «También nos está ayudando esta campaña a frenar incendios incontrolados en el Bierzo», matiza.

El jefe del servicio también destaca que se autorizan muchas menos quemas, y que está siendo muy efectiva la normativa de 2013 que obliga a través de las entidades locales, a que todos los propietarios de las fincas las tengan limpias de maleza que pueda hacer de combustible en un incendio forestal.

El peor mes de la campaña de este año fue agosto, cuando se registraron 68 incendios forestales de la provincia. «Hubo unos días muy malos, con un pico de calor alto que secó mucho la vegetación, por lo que la acción de cualquier cosechadora, coche o colilla, unida con el viento, tenia unas consecuencias fatales», destacó el responsable de Protección de la Naturaleza.

Lo que sí cree Bécares que está cambiando es la concienciación por proteger la biodiversidad, lo que implica a toda la sociedad a ser vigilantes ante todos aquellos que deciden prender fuego a los montes.

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