viernes. 03.02.2023
Uno de los voluntarios que se alzó contra los galos fue precisamente Teodoro Más, quien tras la gloriosa victoria contra aquel ejército con fama de invencible regresó a casa con la salud muy deteriorada, falleciendo al poco tiempo. Joaquina Vedruna, con tan sólo 33 años, se quedó viuda y teniendo a su cargo hasta nueve hijos, nacidos de su finiquitado matrimonio. Tras una breve estancia en la localidad francesa de Prades, se trasladaría al pueblo de Vich y allí se dispuso a colaborar en su Casa de Misericordia. Esta segunda vocación de Joaquina, la de acendrada maternidad espiritual, sería encauzada por su íntimo amigo, el Padre Esteban de Olot. Con su ayuda fundaría en 1826 el Instituto de Hermanas Carmelitas de la Caridad, dedicado al cuidado de los enfermos sin recursos y a educar en la buena senda a las jovencitas. Desde el primer centro en Vich la comunidad religiosa se extendería por Cataluña y Francia, ya consagradas como damas misericordiosas y plenas de vocación y dedicación hacia el prójimo. La muerte de Joaquina Vedruna en Barcelona, el 28 de agosto de 1854, daría aún más alas al empeño evangelizador de las Hermanas Carmelitas, una referencia religiosa y educativa ya consolidada en todo el país. Aproximadamente un siglo después de su fallecimiento, la tarea piadosa de Joaquina Vedruna fue reconocida por el Vaticano, siendo canonizada en 1940, poco antes de que estallara esa barbaridad que se llamó II Guerra Mundial. Años más tarde, el 12 de abril de 1959, Juan XXIII, el llamado «Papa bueno», beatificaba a la creadora de las Carmelitas de la Caridad. La festividad de Santa Joaquina Vedruna se celebra cada 28 de agosto, aniversario de su muerte y fecha en que el recuerdo de esta mujer abnegada y entusiasta, dispuesta a cualquier sacrificio por sus hermanos en la fe, cobra nueva actualidad. La misma que se perpetúa en esta calle de la Bañeza que lleva su nombre como bandera.

Madre espiritual
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