viernes 27/5/22

Son trece, dibujan una línea de casi 300 metros sobre la Hoja de Camposagrado (Carrocera) y están envueltos por una aureola de leyenda desde la Edad Media. Los enigmáticos Pozos de Colinas, ubicados en una planicie rebautizada como polígono de Valnombre, a la izquierda de la carretera CL-623 (León-Villablino), entre los kilómetros 23 y 24, agonizan en el olvido, cubiertos por la maleza y amenazados por la plantación de pinos.

Ni las administraciones ni los lugareños han sabido ver las posibilidades turísticas de la zona, sobre la que pesa el mito de una gran batalla entre las huestes de Pelayo y el ejército musulmán que se saldó a favor de los cristianos gracias a la pericia del capitán Colinas, quien supuestamente ideó los trece agujeros en los que ocultó a sus hombres para sorprender al enemigo.

A pesar del detalle que rodea la construcción de estas curiosas hendiduras, de unos 25 metros de diámetro y casi dos metros de profundidad, el origen real apunta hacia otro lado. Según opinan los investigadores César Morán, Matías Alonso y Sáenz Ridruejo podrían formar parte de una conducción hidráulica subterránea de época romana, excavada para dar paso a un canal que, partiendo del arroyo Torre, en la localidad cercana de Santiago de las Villas, transportaba agua para el arrastre y lavado de los aluviones auríferos de las explotaciones del Molino de la Griega, en Villarroquel.

Para otros analistas de la minería del oro, es posible que se trate de pequeñas «fucaronas» o inicios de laboreos romanos vinculados a los aluviones auríferos del Cillerón, donde mueren, precisamente, los hoyos. Historiadores como Antonio Viñayo (San Isidoro) y José Rodríguez Díez (del Instituto de Estudios Superiores de El Escorial) sugieren que la antigüedad de los pozos pudiera ser anterior incluso a la invasión romana, tratándose de sepulturas dolménicas de época megalítica. Tesis apoyada por el inspector de Enseñanza Básica e historiador Antonio Justel, que avanzó en un trabajo publicado en 1970 el posible vínculo con un campo megalítico de culto solar o lunar, tras encontrar en la zona un reloj con once filas de 28 piedras de grandes dimensiones, reutilizadas como base de la estatua del Pensador de Vegazana.

Como contrapunto, el actual decano de la Facultad de Filosofía y Letras y profesor de Prehistoria, Carlos Fernández, asegura que «desde un punto de vista científico no se ha podido documentar nada ni relacionar con actividades humanas conocidas», aunque a renglón seguido reconoce que los pozos no figuran entre los yacimientos arqueológicos a investigar en León, un área azotada por los recortes. Fernández sí ha constatado, no obstante, que existen referencias escritas sobre los pozos desde la Edad Media, lo que atestigüa que constituyen un elemento singular que ha pasado a formar parte de la cultura popular leonesa. Los movimientos vecinales para pedir protección para los pozos y una investigación seria (el último escrito se remitió a la Junta en noviembre del 2010) no han encontrado hasta ahora eco en la Administración. El terreno se ha roturado y se han plantado pinos hasta el mismo pie de algunos amontonamientos. Por eso la maleza puede ocultar y desvirtuar en pocos años los hoyos, impidiendo cualquier estudio sobre su origen y naturaleza.

La maleza amenaza los enigmáticos pozos de Colinas en Camposagrado
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