martes 11/5/21

Marqués de Alhucemas

Don Manuel ostentaría, sucesivamente, los ministerios de Gracia y Justicia y de Fomento, a las órdenes de personajes tan relevantes como López Domingo, Moret y Canaleja, quien le confió la cartera de Estado. Tras el asesinato en 1912 de José Canalejas, en un brutal atentado anarquista cometido en la Puerta del Sol madrileña, nuestro protagonista accedería por primera vez y de forma interina a la presidencia del Gobierno, siendo reemplazado apenas dos días más tarde por el todopoderoso conde de Romanones. Un influyente y acaudalado personaje con el que García Prieto disputaría, a partir de entonces, el liderazgo nacional de los monárquicos liberales. En 1911 fue recompensado por el rey Alfonso XIII, a quien siempre guardaría una lealtad inquebrantable, con una senaduría vitalicia y el título de marqués de Alhucemas, por ser el artífice del tratado del mismo nombre que puso punto final al enfrentamiento entre Francia y España por el territorio de Marruecos. En 1917 presidía el consejo de ministros, enfrentándose con las llamadas Juntas Militares de Defensa que pretendían aumentar la influencia del Ejército en el devenir social de España. También se vio forzado a solventar las distintas huelgas que conmocionaron por entonces al país, muestra evidente del germen de enfrentamiento entre aquellas dos Españas que quedaría dilucidado en 1936. Presidente del Gobierno hasta en cuatro ocasiones distintas, su actuación como apagafuegos en un régimen en plena descomposición finalizó abruptamente en 1923, año en que el pronunciamiento del general Primo de Rivera acabaría de un plumazo con el sistema de alternancia democrática nacido con la Restauración. Ello supuso un golpe moral para don Manuel García Prieto.

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