jueves 04.06.2020
GANADERÍA

«Más vale tirar la leche durante diez días que perder dinero todo el año»

Los ganaderos pasan de ser los mejor pagados de Europa a tener el peor precio.
«Más vale tirar la leche durante diez días que perder dinero todo el año»

Los ganaderos de vacuno de leche vuelven a la gráfica de bajada después de la fuerte crisis de precios vivida entre el 2009 y el 2013. León fue una de las provincias a las que más castigó el problema del sector con el cierre en los últimos tres años de 127 explotaciones de las 238 que perdió Castilla y León. Ahora, con la mirada puesta en abril de 2015, cuando desaparecerá el sistema de cuotas, los ganaderos ven cómo de ser los que mejor cobraban por su producto en Europa la situación se ha invertido y sólo Portugal tiene un peor precio. Señalan a la industria y la distribución como responsables.

De ahí que el sector se quiera organizar y que la plataforma Ganaderos Lácteos Unidos haya convocado una reunión en Valencia de Don Juan para el miércoles, porque «más vale tirar la leche durante diez días que perder dinero todo el año», asegura el titular de la mayor explotación de vacuno de leche de la provincia, José Bernardo Ramos Blanco. Para que esta medida surta efecto es preciso que la secunden todos los ganaderos y de ésta, o de no parar las entregas, se hablará en el encuentro de Valencia, porque los ganaderos se sienten cautivos de la industria transformadora.

Ramos posee más de 1.000 hembras en San Millán de los Caballeros y, con casi 3 millones de kilos de cuota, logra cesión de derechos de otros ganaderos —su venta se prohibió hace años— para producir 5,2 millones de kilos anuales. La granja está certificada, con estándares de calidad superiores a los exigidos por la Unión Europea. Tanto es así, que analiza la leche en su laboratorio antes de entregarla a la industria.

Los políticos «no saben»

La inversión en la granja, que ahora da once empleos, «es incalculable, casi es mejor no saberlo» y pelea contra una industria que baja precios incluso tras haber entregado la leche y una «Administración que en Agricultura y Ganadería no sabe y ni se asesora». Ramos Blanco asegura que «esto existe porque metemos muchas horas de trabajo» y se pregunta por los sindicatos: «¿Qué hacen? ¿Existen? ¿A quién defienden?».

En una sociedad de carácter urbano, la actividad agropecuaria es una gran desconocida y la producción de leche no es ajena a este desconocimiento. La granja de Ramos «es como un ayuntamiento: compramos la luz en alta, tenemos depósitos de agua con nuestros propios cloradores...»

El sector ha vivido una importante tecnificación, en el que la informática es cada vez más importante. Un collar controla cada ejemplar hasta niveles insospechados en función de la tecnología que posea la explotación. Así, en Maseca, también en San Millán, que dispone de lo último en robots de ordeño, no es necesario destinar tiempo a esta actividad. A lo sumo es necesarios conseguir que por la máquina pase alguna perezosa. Las reses, con la molestia de una ubre llena, entran en el robot, que limpia, desinfecta y extrae de cada cuarterón la cantidad de leche precisa.

El sistema recoge las veces que la vaca ha entrado en el robot —rechaza a aquellas que pasan sin precisarlo—, registra los litros extraídos e incluso lo que ha comido la vaca —el tiempo que dedica a rumiar—. Y pese a la modernización cobran la leche «la precio de los años 80».

Con 320 cabezas de ganado y también granja certifica, Maseca «es una explotación familiar con tratamiento de empresa. Si no salen los números o cobramos menos o despedimos al empleado». Cuatro familiares y un empleado viven de la leche que obtiene de sus vacas y con una cuota de 1.600.000 litros obtienen cesiones para alcanzar 1.900.000 de producción anual. Sergio García Giganto explica que hasta ahora «o crecías de año en año o el mercado te echaba y cuando creíamos haber llegado donde la Administración quería, lo cambian todo», porque con la nueva PAC y el final del cupo «nadie sabe lo que va a pasar».

Contratos sin garantía

Los contratos del sector no son, en su opinión de su cuñado, Domingo González, una garantía, porque «sabemos el precio en el momento de cobrar» y no importa lo que hubieras firmado cuando la leche baja. Pero si es al contrario, no te van a pagar lo que ha subido».

En Maseca, donde calculan que se han invertido de 5 a 6 millones de euros desde 1978, no entienden que «con un déficit de leche del 30% nos tenemos que comer los excedentes de Europa. Da la sensación que nuestro precio equilibra los costes de transporte», necesario para la importación. La cuota, adquirida durante años «de puerta en puerta», «nos lo compensarán en la PAC, pero hay que ver cómo se aplica la PAC», señala Ramos Blanco. García Giganto comenta que su eliminación supone perder un patrimonio: «Antes la cuota te avalaba un crédito y ahora no vale nada».

«Más vale tirar la leche durante diez días que perder dinero todo el año»