viernes 16/4/21
Reportaje | marco romero

Muerte al magisterio

La ARMH inicia en Lario, con longevos descendientes como testigos, la búsqueda de los restos óseos de la maestra y el maestro de Burón asesinados en 1936 en uno de los episodios más despiadados de la montaña
Los papeles oficiales dicen que su ejecución fue «consecuencia de la lucha contra el marxismo». Pero la muerte nunca es tan simple. María de los Desamparados Blanco y Eusebio González, maestros en Burón, fueron apresados con un engaño por «dos desgraciados falangistas», recuerda el único hijo de la maestra. La exhumación de sus restos a partir de hoy despejará si su muerte fue tan vil como recuerdan los más viejos.

María de los Desamparados Blanco se crió en el Hospicio de León, de ahí su huérfano nombre. A los 18 años daba clases de piano a señoritos de la ciudad y eso le permitió pagar sus estudios para convertirse en maestra nacional. Ejerció en otros territorios y después fue trasladada al colegio femenino de Burón. «Como mi padrastro estaba de maestro en Cuénabres, creo que ése era el pueblo, por derechos de consorte solicitó la cercanía de escuelas», afirma a través del teléfono su único hijo, Laurentino Fernández Blanco. Tiene 91 años, 18 cuando su madre fue asesinada cobardemente a las afueras de Lario. «Una vecina enferma que tenía la ventana abierta para respirar escuchó todos sus gritos», recuerda. «Dos cobardes falangistas se la llevaron con el pretexto de que tenía que declarar en un juicio en León contra un maestro originario de Burón». Pero al salir a la calle, el maestro del colegio masculino de Burón, Eusebio González, le esperaba casi desmayado. «Ella recordó que no llevaba dinero y, al dar la vuelta para entrar en casa, don Eusebio le dijo que adonde iban no necesitaba dinero». «Ella —describe Laurentino— era muy católica. Tocaba el armonio en misa y no tenía grandes ideologías, simplemente era una maestra, como todos, agradecida a la República por reconocer a los maestros con mejores sueldos». «Él —dice por Don Eusebio— tenía vida en la escuela, pero realmente era labrador y ganadero. De política no sabía nada. Yo digo que lo mataron por error». Fernández Blanco habla así porque tiene la certeza de que el jefe local de Falange en Riaño «ordenó matar a los maestros de Burón, pensando en el matrimonio de mi madre y mi padrastro, pero finalmente mataron a mi madre y al otro maestro de Burbón». Laurentino y su padrastro huyeron porque «el siguiente iba a ser él». 73 años después volverá al mismo escenario. No será el único. Los nietos de Don Eusebio, que tuvo tres hijas, ya fallecidas, también han confirmado su presencia en esta remota población de la montaña oriental leonesa para seguir los trabajos de exhumación, que podrían extenderse durante varios días. El vicepresidente de la entidad que promueve este simbólico trabajo, Santiago Macías, de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), prevé que el equipo inicie hoy a mediodía los primeros movimientos para localizar los restos en una franja delimitada tras los trabajos de investigación. El hallazgo despejará si el asesinato fue tan brutal como recuerdan algunos testimonios. Del boca a boca ha trascendido que Don Eusebio llegó debilitado a la ejecución, pero María de los Desamparados se defendió tan salvajemente como pudo y se enfrentó a sus ejecutores hasta el final. Sus gritos se escucharon en todo el pueblo. Tanto que ha llegado a trascender que los falangistas la remataron con un pico. Su bolso y su abrigo lo lucía después la esposa de uno de los ejecutores. Hay que recordar que a partir de noviembre de 1936 la depuración de maestros se organizó a través de unas comisiones que dictaminaban con la ayuda de los informes solicitados a los alcaldes, jefe locales de Falange, curas, guardia civil y padres de familia. Esos informes concretaban la conducta profesional, religiosa, social, particular y política de los maestros». Pero a María de los Desamparados y a Eusebio no les dieron tregua. «Es bien conocido que el cura era tremebundo: falangista, falangista, falangista. Y los jefes de Falange, peor aún. Había sitios en los que alguien era más compasivo, pero en Burón fue tremendo, no hubo compasión», recapitula Miguel Ángel Mancebo, descendiente de Burón e impulsor de esta exhumación desde hace varios años. El alcalde de Burón, Porfirio Díez, del PP, aseguró ayer que pondrá a disposición de los descendientes y de la ARMH todo lo necesario para facilitar los trabajos de exhumación de los dos maestros. En este consistorio se conservan sus actas de defunción. En éstas sólo se dice que eran maestros nacionales y que murieron como «consecuencia de la lucha contra el marxismo». Es lo oficial. Lo otro llega ahora.

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