viernes 27/5/22

Ni será el primer derribo ni el último

Hace 33 años también se echó abajo la fábrica de aglomerados de La Vasco, justo para ampliar el parque de carbones con destino a la térmica

La voladura de las torres de refrigenación de la térmica de La Robla no es la primera en una localidad acostumbrada a vivir y trabajar entre chimeneas e industrias desde hace décadas. Antes cayó la de la cerámica de Bada, aunque los roblanos se acuerdan más de la antigua fábrica de ovoides de ‘La Vasco’, que también se vino abajo por una voladura. Su chimenea, mucho más pequeña que las dos que se van a volar mañana, cayó al suelo en apenas dos segundos el jueves 26 de octubre de 1989, hace casi 33 años.

Medía 40 metros de alto y el objetivo de los directivos de la primera empresa de la cuenca minera era despejar sus instalaciones de La Robla para ampliar su parque de carbones con destino a la térmica, paradojas del destino. En total, para la chimenea y el resto de instalaciones que servían para hacer aquellos ‘huevos’ de carbón y brea se emplearon 100 kilos de dinamita.

La fábrica de aglomerados, como se la conocía en La Robla, empezó a levantarse en 1952 y entró en pruebas en 1954, aunque no arrancó definitivamente hasta 1955. Fue creada para abastecer con briquetas y ovoides a Renfe, que aún tenía máquinas alimentadas por carbón. En general, las locomotoras de vapor de los ferrocarriles españoles fueron diseñadas para quemar carbón de tipo hulla, galleta, granza o grancilla frente al muy desmenuzado, que era arrastrado por el tiro antes de quemarse completamente en la caldera. «Los fogoneros —explican en el Museo del Ferrocarril de Madrid— llegaban a palear hasta cuatro toneladas de carbón en una jornada».

La fábrica roblanas alcanzó en 1963 una producción de 500.000 toneladas, pero Renfe empezó a cambiar sus máquinas y terminó siendo usada para el consumo local. Muchos roblanos se acordarán de aquellos vales de carbón y los famosos ovoides que muchas familias elegían frente a la granza o la galleta. En 1985 cerró con una «modesta» producción de 296 toneladas.

Ni será el primer derribo ni el último