martes. 05.07.2022

En Quintanilla de Losada y otros muchos pueblos de la Cabrera, donde a penas sobreviven pequeñas tiendas, el comercio ambulante acerca los productos de primera necesidad. Santos Ferrero es el frutero, que con su furgoneta recorre la comarca. «No es rentable, vamos a pueblos donde sólo compra una persona, pero no podemos dejarla, son clientes de toda la vida», dice, mientras Antonio Domínguez y Antonio Herrera, dos vecinos que están comprando fruta, asienten. «Para lo más gordo tenemos que ir a Astorga o La Bañeza (más de una hora de ida y otra de vuelta), y quien no tiene coche tiene que ir en autobús, que si a la gente mayor ya nos lo quitan también...», lamentan.

A Quintanilla de Losada también sube el pescadero y un vendedor ambulante de ropa. «Para la carne vamos a La Baña», dicen en el bar. «Aquí hay poca gente y la que hay es muy mayor. Entre la gasolina y que luego las compras son muy pequeñas no ganamos dinero», dice Ferrero, que también sabe que para muchos es la única vía para comprar.

«No es rentable, pero no vamos a dejar a los clientes de siempre»