miércoles. 06.07.2022

El olvidado templo que no tenía ni nombre

El investigador Javier Benéitez logra documentar en los XVIII y XIX que la ermita que hoy languidece en ruinas a las afueras del pueblo perteneció en su día a la Cofradía de la Cruz y estuvo dedicada a Nuestra Señora de las Angustias
                      DL9P17F2-13-16-08-9.jpg
DL9P17F2-13-16-08-9.jpg

A las afueras de Azares del Páramo, como una ruina de todos olvidada, aún se mantiene en pie una ermita, estoica y altanera como si se resistiera a desaparecer para siempre. Como si quisiera decir aquí estoy yo, aunque apenas nadie se fije en ella. Tanto, que habían olvidado hasta su nombre. Sus fuertes muros de piedra y su torre aún siguen sorteando el paso del tiempo por si alguien, algún día, vuelve su mirada hacia ella y le devuelve el esplendor que en su momento tuvo.

A ello ha contribuido el investigador Javier Benéitez que ha conseguido, rebuscando en los libros de fábrica que se custodian en el Archivo Histórico Diocesano de Astorga, demostrar a quien perteneció y el nombre con el que estaba intitulada. Un paso de gran relevancia porque no hay mayor olvido que no tener ni nombre, algo ahora subsanado por Benéitez. Fruto de su trabajo hoy se sabe que en 1774 perteneció a la desaparecida Cofradía de la Cruz; y que en 1821 y 1862 recibía el título de Ermita de Nuestra Señora de las Angustias, agregada al patronato de la iglesia de la localidad.

Aquí van algunos de sus descubrimientos que transcribe de los documentos encontrados. El 15 de octubre de 1774, el obispo de Astorga José Manuel Merino Lumbreras realiza visita pastoral a la parroquia de Azares del Páramo y entre sus mandatos destaca el que dice: «Yt. manda su Ilustrísima que este cura cobre y perciba de la Cofradía de la Cruz los 100 ducados que por vía de empréstito salieron de la fábrica para la reedificación de su ermita, proporcionando el que anualmente satisfaga alguna cantidad, de forma que sin desfalco particular se cubra la deuda de la iglesia». Pues ya está; a finales del XVIII la ermita pertenecía a la Cofradía de la Cruz.

Ahora vamos con su intitulación. En la Santa Visita del Arciprestazgo de Páramo y Vega a la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción de Azares, realizada el 17 de junio de 1821 por el obispo de Astorga, Guillermo Martínez Riaguas, el obispo alabó el celo que en el aseo y limpieza había manifestado el párroco, Melchor Vicente Calvo, encargándole que compre un cáliz de plata por no tener más que uno la cita iglesia (...) pasando de aquí a la visita de la Ermita titulada de Nuestra Señora de las Angustias, y patronato de la misma iglesia, de fábrica de piedra muy buena y capaz, la cual se halla sin renta alguna, y con la deuda a favor de la iglesia de cien ducados que empleó en su compostura, se halla decente y puede servir de parroquia en caso necesario, por lo que mandó que se tuviera cuidado en tenerla ‘adecuada’. Nuevos datos que demuestran que la ermita a principios del siglo XIX se encontraba en buen estado, estaba dedicada a la Virgen de las Angustias y, incluso, podía se utilizada como parroquia.

Benéitez aporta más documentos del siglo XIX referidos al mencionado templo. El 16 de septiembre de 1823, Mateo del Canto, mayordomo de la iglesia de Azares, entre los apuntes del apartado denominado ‘Data’, destaca uno cuyo encabezamiento al margen izquierdo dice: «Retejo de la ermita»; y a continuación: «son data y setenta y tres reales y medio que costó componer la Ermita en esta forma: los sesenta al maestro, seis reales y medio de clavos y cuatro de baldosas». Y así sigue aportando otros legajos que se refieren a la ermita fechados en 1827, 1855 y 1857 sobre distintas obras llevadas a cabo en el templo.

Finalmente vuelve figurar otro documento en el que se hace referencia expresa al nombre de la ermita. El diez de junio del año 1862, en el transcurso de la Santa Visita Pastoral del Arciprestazgo de Vega y Páramo, a la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de Azares, por parte del obispo de Astorga, Ilmo. Señor Don Fernando Argüelles Miranda, después de encargar al párroco, entre otras cosas, dorar la custodia en su parte interior y la media luna del viril, autorizándole asimismo para mejoras y reparos que juzgue convenientes en los ornatos de la iglesia, y tras hallar todo en orden y con limpieza, «visitó la Ermita de Nuestra Señora de las Angustias, situada en dicha parroquia, la que se halló aseada, aunque con necesidad de blanqueo».

Son, pues, numerosos los documentos que Javier Benéitez ha sido capaz de catalogar que dan fe de que la ermita, como no podía ser de otro modo, tuvo su nombre y su importancia, fue propiedad de la Cofradía de la Cruz y estuvo dedicada a la Virgen de las Angustias. Datos hasta la fecha desconocidos para los propios vecinos de Azares.

El olvidado templo que no tenía ni nombre