miércoles. 01.02.2023
Porque el barro que ensambla nuestro corazón, nada sería sin ese rojo torrente que impele vida y nutre de fe la solidaria y anónima labor de cada donante de sangre. Si aún no eres donante, si aún no te ha picado el gusanillo de la donación, acércate cuanto antes a la sede de la Hermandad de Donantes de Sangre o súbete a esa bendita unidad móvil que recorre nuestra provincia recogiendo tan divino material. Ahora que comienza el año es tiempo de añadir nuevas acciones a nuestro curriculum íntimo y particular, sin duda hacerse donante de sangre es una noble decisión, pero también y que no se no se nos olvide, debería ser un compromiso y una responsabilidad para con nuestra propia existencia. Ojalá nunca necesites sangre, pero si se diera el caso de que tu vida corriera serio peligro porque todos los donantes estuvieran aún en la fase de pensárselo, comprobarías en tus propias venas el vacío y la náusea de una muerte augurada por la falta de solidaridad. Por eso pensemos en rojo, el color de la sangre, el color del río mas profundo de la vida. Si todavía no te has planteado ser donante, sientate delante de tu yo y pregúntale el porqué. Tampoco es cosa del otro mundo: un pinchazo, del que casi ni te enteras porque el personal sanitario sabe detrás de lo que anda, luego la vida se queda prendida en una bolsa, que pasará a ser la tabla de salvación de un ser que la necesita. Si tenemos en cuenta que no nos viene nada mal renovar la sangre, hasta nos estamos haciendo un favor a nosotros mismos. Por eso pensando en rojo te sentirás donante, te sentirás muy bien.

Piensa en rojo