jueves 26/5/22

Pedro Nieto, cronista de La Robla y antiguo trabajador de Unión Fenosa, se quedó ayer en casa. Trabajó en la construcción de la más antigua pero ayer no fue a ver la demolición por los recuerdos que le trae la muerte de un cuñado suyo en aquella época, el 1 de abril de 1969, en una cantera, y la tristeza de ver cómo se desmoronan parte de sus recuerdos, «aunque a mí la térmica me trató muy bien», puntualiza. Sus ripios y chascarrillos son muy conocidos en el pueblo,  rememorando algún acontecimiento o la celebración familiar de un amigo, pero en esta ocasión leerá otras páginas.

Fueran o no, la jornada de ayer no fue indiferente para ningún roblano. Muchos, como gente de toda la Montaña, fueron a verlo, y otros muchos lo siguieron desde sus casas. El auge industrial de La Robla hizo que se levantaran grandes edificios de pisos desde donde hasta ayer se divisiban las dos grandes torres. A la una de la tarde, el telón se bajó esperando nuevos tiempos, al menos, como los que ha vivido La Robla en las últimas cinco décadas.

«Crecimos con una indestructible térmica... Y es parte de nuestra identidad, pero también hay que reflejar la esperanza de la proposición de Naturgy de crear una planta de hidrógeno verde en esos terrenos», escribió una roblana, veterinaria por más señas, Mari José Muñiz, en uno de los grupos de WhatsApp más numerosos de La Robla, el del barrio de la Estación. Lo escribió desde Inglaterra, donde trabaja desde hace años, y donde a lo largo del día se colgaron varios videos y fotos de la voladura.

Con menos emoción lo siguieron también los trabajadores de la contrata que está echando abajo la central. Lo vivieron en las inmediaciones de la central, en una zona de seguridad. Quizá no sea la última que vean. «¡Que no la tiren!», grito uno de ellos.

Mientras, en los arcenes de la N-630 y en el polígono industrial se agolpaban muchos curiosos. La mayoría con cámaras para seguir el primer capítulo, porque aunque no haya fecha, pronto le seguirán las otras dos chimeneas.  Nadie se imaginó nunca que llegara el momento, pero ayer llegó. La Robla pierde sus dos primeras chimeneas.

Sin ripios para las torres de una térmica que parecía «indestructible»
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