miércoles 22/9/21

A las señales visuales se suman las olfativas a través del pelo o del sudor

Las grabaciones de video recogidas mostraron analogías entre la señalización visual y química, siendo esta última también realizada principalmente por machos adultos durante la temporada de celo. Curiosamente, arañar y morder la corteza de un árbol, a menudo dejando pelaje, corteza deshilachada y cicatrices en el tronco del árbol u otros sustratos, siempre se han considerado métodos para depositar señales olfativas. Por ejemplo, se ha sugerido que los arañazos pueden dejar olor proveniente de las glándulas de los pies y que al morder se deposita saliva. Sin embargo, al menos en el caso de los osos pardos, se espera que la cantidad de olor que dejan los arañazos y los mordiscos en los árboles sea menor que la que dejan las secreciones de las glándulas al frotar todo el cuerpo y, por lo tanto, podría resultar en un refuerzo innecesario. Asimismo, las marcas visuales generalmente se encuentran en las secciones superiores del árbol a las que solo pueden llegar los machos adultos más grandes y, además, no se alcanzarían mientras se frota el cuerpo. Esto puede explicar por qué los machos adultos utilizan múltiples conductas de marcado para dejar dos señales diferentes, es decir, visual y química, que pueden complementarse entre sí. Por ejemplo, las marcas visuales podrían estar indicando la estatura del oso, mientras que una señal química puede proporcionar simultáneamente información sobre su sexo y características individuales. También se ha planteado la hipótesis de que las marcas visuales simplemente indican la ubicación de la señalización química. Sin embargo, las marcas visuales no ocurren necesariamente en los árboles donde sucede el rascado del cuerpo. Esta es la primera vez que se demuestra el papel activo del marcado visual en la comunicación entre conespecíficos en el oso pardo. Para concluir, las reacciones de los osos a la manipulación de los investigadores sugieren que la señalización visual podría representar un mecanismo ampliamente pasado por alto en la comunicación de los mamíferos, que puede ser empleado más ampliamente de lo que se pensaba anteriormente.

A las señales visuales se suman las olfativas a través del pelo o del sudor
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