lunes 18.11.2019
OLLEROS DE SABERO

Un cura de los de verdad

Don Manuel, responsable de la Semana Cultural, de arreglar la iglesia y de atender a los necesitados, recibe mañana un homenaje de sus feligreses
El sacerdote, en el centro, celebró su primera misa en 1979. DL
El sacerdote, en el centro, celebró su primera misa en 1979. DL

Hace un mes que cumplió cuatro décadas desde su llegada al pueblo de Olleros de Sabero y cincuenta años y cuatro meses desde que se ordenó sacerdote. Su primera misa fue el 15 de junio de 1969 en la parroquia de San Miguel Arcángel, de Cabreros del Río, su pueblo natal. Tres meses después el Obispo le envió a Arbas, Puerto de Pajares y alrededores. Poco duró en esa parroquia ya que el Obispo Luis Almarcha, le comunica que su nuevo destino es el pueblo de Olleros de Sabero, incorporándose el catorce de septiembre de 1979.

 

Don Manuel, Manolo, Señor Cura, así es conocido no solo en Olleros de Sabero, en la comarca y en toda la provincia, cumplió sus bodas sacerdotales el pasado verano, recibiendo un homenaje de Cabreros del Río, del que nunca se ha desvinculado. Ahora los vecinos del Valle de Sabero se han volcado con don Manuel, Manolo o «un cura de los verdad», como dice la gente; y le rendirán un merecido y emotivo homenaje mañana.

 

En la actualidad tiene a su cargo diez parroquias, las cinco del Valle de Sabero y otras cinco de los pueblos de los alrededores. Su carisma y capacidad de convocatoria no tiene límites. Durante estos cincuenta años, según sus propias palabras, siempre ha tenido una obsesión: Acompañar y dar cariño a los feligreses. Tanto ha sido el cariño que ha recogido de sus vecinos, que a los quince años de estar en Olleros, los parroquianos ya le tributaron un primer homenaje, por su dedicación al pueblo y por su lucha por restaurar el templo religioso, en peligro por las grietas aparecidas al estar asentada en terrenos de explotación minera.

 

Ha sido precisamente el cierre de las minas en la Cuenca de Sabero lo que le motivó para luchar para evitar el cierre y la pérdida de tantos cientos de trabajo y el declive de vecinos, y para lograr la prometida reconversión. Pero él, sin desánimo, ha luchado para que los vecinos tengan sus momentos de ocio y cultura. En 1993 puso en marcha la Semana Cultural, que ha atravesado todas las fronteras posibles, las geográficas, las sociales y las culturales. Por este evento, han pasado políticos de todos los signos, a los que intentó comprometerles con el Valle, los mejores escritores nacionales, y cualquier personaje que pudiera aportar algo al Valle y a la Comarca.

 

Pero no sólo ha sido esta labor parroquial y cultural sus únicos logros. Destaca aún más por su acompañamiento y preocupación por las personas más desfavorecidas. Siempre pendiente, sin que nadie se lo indique porque él conoce bien a las familias. A los que tiene dificultades para llegar a final de mes les consigue alimentos y ropa, a los mayores desamparados o sin familia, les busca cobijo en residencias o lugares parroquiales donde acabar sus días de una forma acompañada y feliz.

 

Pero quizás de una de las actividades de las que se siente más orgulloso en la Semana del Enfermo, que celebra desde hace más de 20 años en los pueblos de Olleros y Sahelices, donde de aborda los problemas de las personas con enfermedades, animándoles a convivir con ellas y buscándoles las posibles soluciones médicas, morales o sociales; porque ese ha sido su lema desde hace cincuenta años: acompañar.

Un cura de los de verdad