martes. 16.08.2022
Gráfico que muestra el efecto del gas radón en las viviendas

Castilla y León es una de las zonas de España más afectadas por el Radón junto a Galicia, el norte de Andalucía, Extremadura y la sierra de Guadarrama de Madrid, que también presentan altos índices de este gas, según ha indicado la Plataforma de Edificación Passivhaus (PEP), la asociación sin ánimo de lucro que promueve la construcción de edificios altamente eficientes.
El Radón, recuerda PEP a través de un comunicado remitido a Europa Press, es un gas radiactivo incoloro, inodoro e insípido que procede del uranio de zonas graníticas, aguas de montaña no depuradas, materiales de construcción y paredes rocosas de multitud de cuevas que contienen ciertas rocas de la corteza terrestre.

El peligro de este gas es que, al emanar del subsuelo, se acumula en el interior de lugares cerrados como las viviendas o lugares de trabajo. Al desintegrarse, emite partículas radioactivas que al respirar acaban sobre las vías respiratorias, donde tienen la capacidad de corromper el ADN y provocar el desarrollo de un cáncer de pulmón. De hecho, según la Organización Mundial de la Salud, el gas Radón es la segunda causa de muerte por cáncer de pulmón y el responsable de en torno a un 10% de esta enfermedad en personas no fumadoras.

Fruto de la preocupación por los efectos del gas Radón, la Administración prevé una sección dedicada exclusivamente a la protección frente a la exposición al Radón en la nueva revisión del Código Técnico de la Edificación. En ella se pretende establece un nivel máximo de referencia para el promedio anual de concentración de Radón en el interior de los locales habitables de 300Bq/m3. El gas Radón se introduce en las viviendas a través de las fisuras y entradas de aire no controladas. Por ello, la mejor forma para evitarlo es ventilando los sótanos y cámaras sanitarias de los edificios antes de que llegue a la casa. Una vez dentro de la vivienda, ventilar sigue siendo la solución, pero con ventilación natural o híbrida no conseguiremos asegurar buenos resultados.

En este sentido, cabe destacar que las construcciones bajo el estándar Passivhaus son viviendas muy herméticas (0,6 renovaciones a diferencia de 50 pascales) por lo que en primera instancia estamos evitando la entrada de Radón y, además, gracias a la ventilación mecánica controlada se elimina el que haya podido entrar. En concreto se renueva todo el aire en la vivienda cada 2 o 3 horas sin apenas perder energía debido al recuperador de calor. Por otra parte, el aire que entra en el edificio lo hace a la temperatura exterior, sin embargo, cuando pasa por el recuperador de calor, propio de la ventilación mecánica en construcciones Passivhaus, se cruza sin mezclarse con el aire interior (a temperatura de confort) y se produce una transferencia de energía, cediendo temperatura de un aire a otro. De esta forma, el aire de impulsión entra ya atemperado al edificio y se necesita menor aporte de energía para alcanzar la temperatura de confort. Este proceso se considera pasivo puesto que la única energía que se aporta es la necesaria para los ventiladores de impulsión y extracción, la cual es mínima.


LOS CINCO PRINCIPIOS BASICOS PASSIVHAUS
Una edificación pasiva es un tipo de construcción enfocada a la máxima reducción de la energía necesaria para su climatización, logrando mantener en su interior una temperatura constante y confortable, y unas condiciones idóneas de confort acústico y de calidad del aire mediante la optimización de los recursos existentes. La idea base es aprovechar al máximo el sol y la orientación del inmueble para captar la mayor energía posible. A partir de ahí, señala PEP, basta aplicar de forma exhaustiva y coordinada cinco principios básicos en la construcción del edificio: utilizar alto espesor de aislamiento térmico; cuidar su diseño y ejecución eliminando los puentes térmicos, dando continuidad al aislamiento en toda la envolvente del edificio; incluir puertas y ventanas de altas prestaciones térmicas (triple acristalamiento, bajas transmitancias y correcta instalación); garantizar la hermeticidad al aire exterior; y recurrir a una ventilación mecánica con recuperación de calor de alto rendimiento, que permite ventilar recuperando entre el 80 y el 90% de la energía que está dentro del propio inmueble.

Un enemigo invisible