jueves 17.10.2019
Urbanismo

Urgen un puente que permita el desarrollo agrario

El viaducto que construyeron los vecinos en 1933 presenta serios daños estructurales
La Diputación ejecutó obras de urgencia en el puente en 1982. DL
La Diputación ejecutó obras de urgencia en el puente en 1982. DL

El pedáneo de Santibáñez de la Isla, Anselmo Fernández Miguélez, y la Cooperativa de San Blas, con sede en esta localidad del municipio de Santa María de la Isla, tienen en su poder el estudio de una consultora de ingeniería, que analiza el estado del puente sobre el río Tuerto e incide en la conveniencia de construir uno nuevo, dadas las deficiencias y los problemas de la maquinaria agrícola para atravesarlo —algunos de estos vehículos optan por vadear el Tuerto incluso en invierno, al superar el ancho de la calzada y las aceras— del actual. La infraestructura se considera fundamental para el desarrollo de la agricultura en la zona, más ante los proyectos de modernización de la vecina Villarnera y del Canal de Villares.

El viejo paso se construyó en los años 1932 y 1933, con la aportación dineraria de la Diputación para adquirir los materiales y la mano de obra de los vecinos, en especial del carpintero y ebanista del pueblo, Santiago López. Al margen de este dato curioso, el informe técnico lo destaca como «punto esencial» de comuniciación de ambos márgenes del Tuerto, uniendo la vega de este río y con la del Órbigo. «No menos de una docena» de pueblos —de los municipios de Santa María de la Isla, Riego de la Vega, Palacios de la Valduerna y San Cristóbal de la Polantera— se benefician de una infraestructura «especialmente bien» construida, pues, hasta el momento, ha resistido el paso de vehículos de un tonelaje muy superior a los que contemplaba su proyecto. Aunque en 1982 la Diputación acometió una reparación urgente, el documento reseña que desde entonces «las máquinas y pesos que sobre este transitan han quintuplicado su proporción. Sus medidas son obsoletas y son un impedimento para el desarrollo agroganadero de la zona». Además, reseña accidentes de vehículos y peatones que, por el momento, no han tenido consecuencias graves.

El buen trabajo ejecutado ahora 86 años y la reparación no han impedido una importante fatiga del hormigón, que afectan a la estabilidad del puente, que ya presenta «un obvio hundimiento de la segunda pilastra». Con una longitud total de 42 metros —35 de vuelo sobre el río—, la anchura del tablero es de 2,70 metros en la zona de rodadura, 3,80 si se tienen en cuenta las aceras, que tractores y cosechadoras —con anchos mínimos actuales de tres metros— deben aprovechar en su tránsito. Las armaduras de acero ya han aflorado, provocando averías en las ruedas de los vehículos y exponiéndose a la corrosión, «con los consiguientes daños estructurales y la afección de su vida útil».

El puente, nexo de unión entre dos barrios del pueblo, se construyó para soportar 10,5 toneladas —la señal que advertía de esta circunstancia ya no existe—, pero aguanta hasta 40 toneladas —carga más vehículo— de camiones articulados, tractores con remolques y otros. La actividad agrícola, con una buena entrada y salida de mercancías de la Cooperativa de San Blas y de explotaciones de la zona, convierten el paso en imprescindible, sobre todo para quienes no tiene otro remedio que vadear el río Tuerto desde hace algún tiempo.

Urgen un puente que permita el desarrollo agrario