jueves. 18.08.2022

Alfombras y tapices Nistal, trescientos años de maestría

La familia astorgana de los Nistal, excepcional saga de artesanos, sigue tejiendo sus tapices de estilo clásico como lo hacían sus antepasados. Hoy ven peligrar su centenario oficio por una competencia ilegítima y la falta de relevo generaciona
A las cosas hay que darles su justo valor: no es lo mismo, no puede ser lo mismo, un artículo fabricado en serie con ayuda de maquinaria altamente sofisticada, donde todas y cada una de las piezas finales se parecen entre sí y carecen de personalidad e individualidad, que un objeto elaborado pacientemente con las manos de un artesano, en el que se deposita la sabiduría de generaciones, y que resulta siempre distinto del resto, único y en todo caso destinado a durar. Es el caso de las alfombras y tapices de estilo español que continúan elaborando en Astorga los actuales miembros de la saga de los Nistal, José, Máximo y Lorenzo; últimos representantes de una familia de tejedores que viene realizando esta labor desde hace ya más de trescientos años. Con una maestría amasada y perfeccionada a lo largo de los años, los Nistal fabrican sus alfombras y tapices basados en los cortes clásicos de Cuenca y Alcaraz, además de incluir diseños propios y otros de tipo románico y medieval, muy próximos a la iconografía y el imaginario histórico leonés. La antigua técnica de nudo turco les permite realizar alfombras y tapices lisos y también en relieve. Las materias primas son el lino (antaño tan abundante y necesario en Maragatos y Cepeda, y en todo León), que en la actualidad ha de ser traído de fuera; y la lana, que en este caso sí procede de la comarca y que por su dureza resulta muy apreciada para este tipo de trabajos. De lino es la urdimbre que conforma la base de la pieza, y de lana el relleno o felpa que acaba por constituirla. Proceso completo Los tres hermanos lo hacen todo, interviniendo activamente en todas las fases del proceso de creación del objeto: consiguen la lana y el lino, tiñen los colores, disponen la urdimbre en el telar de alto lizo , y, con una paciencia admirable e increíble, tejen. Sus únicas herramientas, además del telar, son un mazo, unas tijeras, y la propia mano del artesano, que va siguiendo la pauta que le marca el diseño dibujado previamente en un papel cuadriculado y en el que también están reflejados los colores a nivel estimativo: entre mes y mes y medio se tarda en crear un metro cuadrado con esta técnica de nudo turco, por la que a cada dos hilos corresponde un nudo. Pese a la absoluta fidelidad al negocio familiar y a la tradición artesana, José Nistal asegura que cada generación «se va superando un poco a la otra». Hoy, los productos elaborados en el taller cuentan con dos mejoras que no tenían los fabricados por sus antepasados: la solidez del color (que antes se desvaía con rapidez) y el tratamiento anti-polilla. Por otro lado, el telar en el que los hermanos trabajan es bien antiguo, con toda probabilidad de más de un siglo, y arrinconado, ya sin uso, permanece en un rincón un telar que podría tener casi tres siglos de vida. En general, el taller en su conjunto es un auténtica pieza de museo, por cuanto que en él se ha venido trabajando casi ininterrumpidamente desde los inicios de la saga. Parece mentira que desde los colegios de la provincia no se organicen excursiones para visitar este lugar de trabajo pausado y exquisitos resultados, y que las instituciones no se alcen en garantes de la continuidad de estas labores, por ejemplo, realizando regularmente pedidos de estas obras para sus sedes y edificios. Así, las alfombras y tapices de tema histórico son idóneas para casonas, palacios, hoteles y centros de turismo rural. De esta manera se evitaría el gran peligro que se cierne sobre la saga: el de su completa desaparición por culpa de un mercado global que todo lo devora y unas leyes de consumo tiránicas que nos deshumanizan sin que apenas nos demos cuenta. Pero la familia no ve interés por parte de esas instituciones cuya prioridad debería ser el fomento y la dignificación de lo propio, teniendo en cuenta además los beneficios económicos que una gestión inteligente podría extraer de ello. Y a la competencia del mercado moderno se suma la inexistencia de un relevo generacional (en parte por lo «complicado de aprender que es este oficio», advierten) y, creemos, también la falta de unidad entre los artesanos leoneses, que podría ser tabla de salvación para muchos de estos productores, de estos orfebres de la materia o el alimento, que podría luchar con fuerza por crear una marca de calidad y unos cauces adecuados de llegada al público. Hoy apenas hay encargos y de las paredes cuelgan los diplomas y distinciones que acreditaron su presencia en las ferias de Nueva York, Munich, Londres o Burdeos. Pero los Nistal no van a cambiar ni sus métodos ni su filosofía. «Es como pedirle a Antonio López -resume José- que deje de hacer esos maravillosos cuadros realistas y se dedique a hacer arte abstracto».

Alfombras y tapices Nistal, trescientos años de maestría
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