lunes 25/10/21

Nueve anécdotas para 40 años 1 2 3 5 6 7 8 9 4

A lo largo de cuarenta años de poder fueron numerosas las anécdotas, o hechos singulares, protagonizados por Francisco Franco. El historiador Carlos Fernández Santander ha escarbado en libros y hemerotecas para seleccionar algunas de ellas
1 EL MEIGALLO Hay quien dice que Franco tenía meigallo, o sea, que resultaba algo gafe para los demás. Repasando la historia se comprueba que era peligroso darle la mano, o un abrazo, sobre todo si eran personalidades importantes. En febrero de 1936 se reunió con José Antonio, en el piso madrileño de Serrano Suñer. Pocas semanas después, el fundador de la Falange era encarcelado y ya sólo saldría de prisión para ser fusilado. En 1942, el embajador de Hitler en Madrid, von Moltke, le visitó en El Pardo para urgirle la entrada en guerra a favor de Alemania. Pocas horas después de la entrevista el diplomático falleció a causa de una peritonitis aguda. En 1949 llegó a Galicia el rey Abdullah de Jordania, al que Franco homenajeó espléndidamente. Dos años después, fue asesinado en su país por las turbas enfurecidas. El almirante norteamericano Sheman visitó al Caudillo en Meirás en 1951 para tratar el tema de las bases en España. Semanas después falleció en Italia de un ataque al corazón. La racha gafe continuó con el rey Saud de Arabia. Visitó Madrid en 1957 y, tras el abrazo de Franco, falleció al año siguiente. Y qué decir del primer ministro turco Menderes. Estuvo en El Pardo en 1958. Años después fue ahorcado en su país por corrupto y por ladrón. En 1960 visitó España el presidente argentino Arturo Frondizi. Dos años más tarde fue derrocado por un golpe militar. El secretario general de la ONU, Dag Hammarrskjold, tras visitar a Franco en Madrid moría en un accidente aéreo en Zambia. No mejor suerte corrió el presidente del Congo, Moisés Tshombe, que visitó Madrid en 1965 y dos años más tarde fue secuestrado y asesinado. Parece que un brujo ya le había advertido del peligro que corría. La selección se cierra con el general De Gaulle. Tras su entrevista, en la primavera de 1970, con Franco en El Pardo, dijo a los periodistas: «He encontrado muy viejo al Generalísimo». Pero a los dos meses el que se fue al otro mundo fue él. 2 GRAN ARQUITECTO A pesar de que tomó en consideración los proyectos de los arquitectos Muguruza y Méndez, Franco llevó personalmente las obras de la faraónica cripta del Valle de los Caídos. Una de sus advertencias más significativas fue al escultor Juan de Ávalos, cuando pretendió esculpir las virtudes cardinales con rostros femeninos. Según el Caudillo, debían ser hombres, ya que las mujeres no encarnaban tales virtudes. Asimismo, el coronel Ansaldo, en su libro ¿Para qué? cita otro ejemplo del talento arquitectónico de Franco. Se había convocado el proyecto de una barriada de las llamadas casas baratas. Al presentárselo al jefe del Estado, éste, tras examinarlo, trazó a lápiz unas modificaciones en él y resultó que cada piso podía admitir una habitación más y, encima, el presupuesto de la construcción disminuía en 6.000 pesetas por cada vivienda. 3 LA LENGUA GALLEGA Hubo veces, más bien pocas, en que Franco usó el idioma de su tierra. Por ejemplo, en la primera visita a Ferrol tras la Guerra Civil, en junio de 1939, comenzó su discurso a la multitud que le esperaba diciendo: «Queridos paisaniños». Una vez en que iba a salir de pesca cerca de Sada con su íntimo amigo Max Borrell, se presentó con un vestido impecable de capitán de yate. Pero la embarcación no era el yate Azor sino un salsero que había alquilado su compañero, por lo que Borrell le advirtió: «Excelencia, se le va a mojar el traje, pues la embarcación se mueve mucho». Pero el Caudillo, impertérrito, le dijo: «Non importa, para mariñeiros nós». Más sorprendente fue, a comienzos de septiembre de 1958, cuando, en una manifestación folclórica después de la cena de gala en el ayuntamiento coruñés, el maestro Anta Seoane, que dirigía la agrupación coral, le pidió permiso para interpretar, como «homenaje a Su Excelencia», el himno gallego, que, ante la expectación general, el Caudillo dijera: «Puede hacerlo, pues me gusta muchísimo». 4 CAZA Y PESCA Muñoz Grandes decía que Franco era «el terror de las perdices». No otra cosa puede deducirse de este comentario que el Generalísimo hizo a su primo y que éste recoge en su libro de conversaciones: «En la última cacería batí el récord, matando en muy pocos ojeos cerca de cinco mil perdices» (algunos suponen que fueron echadas, ya muertas, por camiones lanzadera del Ministerio de Agricultura). Sonado fue el accidente en otra cacería, en que el ministro Fraga calculó mal el disparo y le metió los perdigones en el trasero a la marquesa de Villaverde, que estaba delante. El propio Fraga lo comenta en sus memorias y dice que Franco se portó muy bien, disculpándole el error, aunque por poco se queda sin su única hija. Sin embargo, Jaime Peñafiel dice en otro libro que el comentario del Caudillo fue cortante: «El que no sepa cazar, que no venga». En agosto de 1957, desde el yate Azor y en aguas de San Sebastián, Franco capturó un gigantesco pez negro de tres metros de largo y dos toneladas de peso. Su capellán, el padre Bulart, insinuó que podría tratarse de la representación animal del demonio. 5 RESISTENCIA FÍSICA Sus aduladores, que los tenía a cientos, hablan, y no paran, de la resistencia física del Generalísimo. Daniel Sueiro cita en un libro que en una ocasión Franco hizo construir, en las obras del Valle de los Caídos, una escalinata de madera de 370 peldaños para comprobar sobre el terreno el replanteo de la monumental cruz. Le acompañaron en la subida numerosas personalidades, pero sólo él llegó a arriba, ya que los demás quedaron extenuados a mitad de camino. También, en los largos consejos de ministros Franco resistía impertérrito sin ir al lavabo, debido a su gran control urético, mientras sus colaboradores le pedían permiso para ir a evacuar. Según Tico Medina, en el diario Pueblo, nadie lanzaba la pelota de golf tan lejos como él. 6 NO DECÍA TACOS Aunque se dijo que de joven, cuando estaba en Marruecos, Franco era muy mal hablado, es difícil encontrar un testigo que hubiese oído tacos al militar ferrolano. Andrés Martínez Bordiú, tío del marqués de Villaverde, cuenta en un libro cómo en las partidas de mus que se jugaban tras las cacerías en la finca Arroyovil, de Jaén, era corriente, cuando se tenían buenas cartas, cantar el mus con expresiones fuertes, por ejemplo: «¡Ni mus ni cojones!». Pero cuando le tocó el turno a Franco, éste dijo: «¡Ni mus... ni gallináceas!». Al enterarse su confesor, el padre Bulart, quedó muy satisfecho de que el Generalísimo, como cristiano ejemplar, no dijese tacos. 7 TEMAS CULINARIOS Según su amigo personal Max Borrell, Franco sabía cocinar el atún de tal manera que parecía pollo. También destaca su idea de poblar, en la posguerra, todos los lagos y estanques de España con ranas mugidoras, con lo que los españoles podrían degustar las ancas de dichos animales, plato muy sabroso. Para predicar con el ejemplo, echó varias ranas en un estanque de El Pardo, lo que alarmó a los miembros de la Guardia Mora, pues estaban mugiendo sin parar y aquellos creían que era una maldición de Alá. El político republicano Indalecio Prieto recordó en un artículo, publicado en los años cuarenta, que Franco había dicho que, si seguían el cerco internacional contra su régimen, los españoles deberían contentarse con comer un tomate al día. 8 GRAN DETALLISTA Destacó su advertencia, en presencia del ministro Martín Artajo, a una promoción de la Escuela Diplomática, en el sentido de que no echasen nada importante a las papeleras de sus embajadas, pues sabía que se los compraban luego a las empleadas del servicio de limpieza. También rogaba a algunos de sus embajadores que no hiciesen confidencias sobre temas de Estado a sus esposas, pues su experiencia le decía que «las mujeres son muy indiscretas». 9 SANGRE FRÍA Cuando en la guerra de África le dispararon desde la trinchera enemiga, rozándole ligeramente, gritó a los moros: «¡A ver si apuntáis bien!» (citado por su biógrafo Joaquín Arrarás). Su hermana Pilar cuenta que cuando era pequeño, una vez le clavaron una aguja al rojo vivo y él dijo, sin inmutarse: «¡Qué mal huele la carne quemada!». También se cuenta que en Marruecos un día un legionario, disgustado con el rancho, le arrojó a su guerrera un plato de lentejas. Franco, impertérrito, ordenó a su ayudante: «A éste, que lo fusilen al amanecer».

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