viernes. 03.02.2023
donantes de sangre

Bolsas para regalar vida

A algunos le fascina, a otros le asusta, sin embargo, la extracción del valioso líquido rojo ayuda a curar vidas y, sobre todo, a mejorar personas
Un pequeño saco como este contiene 450 mililitros del valioso líquido rojo y una vez que es analizada, se procede a fraccionarla en distintos componentes, como el plasma o las plaquetas, para varios usos.

Teniendo salud no se necesita nada más; lo demás es accesorio». Esta premisa, pronunciada por el presidente de la Federación Española de Donantes de Sangre, el leonés Martín Manceñido, saca a la luz una gran verdad en tiempos de crisis, una declaración que obliga a retomar el interés hacia lo que realmente importa: la salud. Con ella, cualquier persona puede afrontar cualquier reto por difícil que sea, pero ese momento se antoja realmente complicado con su ausencia.

Quizás por ello, por la necesidad de regalar calidad de vida a aquellos que no la tienen, en 1972 se fundó la Hermandad de Donantes de Sangre de León, que hasta marzo continúa celebrando su cuarenta aniversario. Durante todo ese tiempo, la asociación ha contribuido a mejorar y, sobre todo, a salvar vidas. Más de 60.000 donantes y 340.867 litros de sangre sitúan a León como una de las provincias más solidarias de la Comunidad. En la actualidad, la provincia cuenta con 20.000 donantes, de los cuales 15.000 pertenecen a León y a las demás comarcas, mientras que el resto, unos 5.000, se hallan en El Bierzo y Laciana, que cuentan con un área sanitaria diferente.

Todos esos donantes no serían posibles sin la colaboración activa de los voluntarios, «unos treinta en León y 170 en toda la provincia», estipula el también secretario general de la Hermandad de Donantes de León. Su objetivo y misión es sensibilizar y divulgar el mensaje de que la donación es necesaria y, sobre todo, útil. Por otra parte, el equipo médico que asiste al dador del líquido rojo pertenece al Centro de Hemoterapia y Hemodonación de Castilla y León.

Sin embargo, a pesar del goteo rojo que envuelve a León, Martín Manceñido no oculta su preocupación por el futuro. «La situación es complicada y aquí más. León es una provincia con una población muy envejecida y donde cada vez hay menos juventud». Y es que para ser donante no vale cualquiera.

Criterios para el legado

Para poder ser donante de sangre es necesario cumplir unos requisitos. El principal es la edad: hay que ser mayor de 18 años y menor de 70, una frontera que se ha ido difuminando con el tiempo a medida que la esperanza de vida aumentaba, ya que antes el límite se encontraba en los 65 años.

Asimismo, otra de las condiciones es el peso. Está prohibido donar con menos de cincuenta kilos, ya que «sólo se puede extraer como mucho hasta el 12 o el 13% de la cantidad de sangre que hay en el cuerpo», explica Manceñido. «Para que se ocasionen mareos y pérdida de conciencia, se tiene que producir una merma de sangre superior al 30% o 40%. La extracción que se desarrolla en un hospital o en un punto móvil es muy segura». Da igual que una persona pese 120 kilos o 51; se extraerá la misma cantidad a todo el mundo. Además, hay que incluir el padecimiento de cualquier enfermedad, que va desde la exclusión definitiva hasta la temporal por dos años, un año, o incluso, de un mes.

De igual modo, el también presidente de Fundaspe o la organización nacional de todo tipo de trasplantes, considera reducido el ‘target group’ al que se puede llegar. «De cien personas disponibles, hay que desechar a cincuenta por motivos de la edad. De esos cincuenta, veinte son enfermos crónicos, por lo que tampoco pueden. Ahora sólo quedan treinta, pero doce de ellos tienen miedo a las agujas o a la visión de la sangre, lo que también les hace inhábiles. Por lo tanto, al final quedan 18, de los que sólo donan cuatro. Para que lo hagan esos catorce, se machaca al resto de los grupos». Colegios, reuniones, publicidad... muchas son las formas para intentar hacer llegar su mensaje a cada vez más gente. En León, la Hermandad de Donantes de Sangre envía un carné a cada ‘dador’ donde figuran las cinco últimas participaciones, una credencial que se vuelve a mandar cada vez que colabora de nuevo en el proyecto.

Una vez que la sangre se extrae, se inicia un procedimiento muy riguroso donde no falla ninguna de las piezas que forman este puzzle. Las bolsas, que contienen 450 mililitros de sangre, experimentan hasta ocho análisis diferentes que determinan que el flujo rojo no posee ninguna enfermedad. No obstante y como dice Manceñido, «los propios donantes son conscientes de sus riesgos y los primeros que no se ofrecen si se encuentran mal».

A pesar de todo, existe un gran control sobre la sangre donada, con análisis como la determinación del grupo y rh, la detección del virus de la hepatitis B o del virus del VIH, entre otros.

Asimismo, la bolsa, tal y como se entrega en el centro de hemodonación, se divide en varios componentes: plasma, plaquetas y leucocitos. El pequeño saco tiene una vida estimada de unos 42 días.

Sin embargo, no todos los componentes viven lo mismo. «Las plaquetas duran tres o cuatro días, siete como mucho. El plasma, por ejemplo, podría vivir mucho más, siempre que se congele». Los avances médicos posibilitan mejoras, aunque según Manceñido, el futuro que se les espera es «complicado».

Por un lado, destaca el progresivo envejecimiento de la población, así como el aumento de la esperanza de vida. «Existen receptores de incluso 102 años, por lo que hay que cada vez más demanda, pero la oferta continúa siendo la misma». Igualmente, los trasplantes de órganos necesitan sangre en cantidades industriales. Por ejemplo, en el caso del riñón harían falta entre 10 o 15 bolsas, mientras que en el de hígado se precisarían unas 160.

Otra de las circunstancias es que los progresos científicos han probado que determinada enfermedades cuentan con grandes mejoras si se les aplica sangre enriquecida, como ocurre en el caso de la geriatría.

Por lo tanto, el abanico de las aplicaciones de la sangre se abre cada vez más, pero no sucede lo mismo con los donantes, por lo que la situación es preocupante.

Plasma, el gran salvador

Sin embargo, no todo son sombras. El futuro ofrece alternativas, como la posibilidad de extraer solamente uno de los componentes de la sangre, como el plasma, en una técnica conocida como plasmaféresis, en la cual una máquina extrae la sangre, separando el plasma del resto de los componente y después se devuelven las células al donante sin el plasma, el cual recupera el paciente muy rápidamente.

Su procesamiento es muy peculiar. Una vez que se extrae, se envía a una industria fraccionadora de plasma, que en España sólo una y se llama Grifols, una empresa que colabora con el Ministerio de Sanidad. Desde este lugar, el plasma se transforma en medicamentos, pero sigue siendo sangre.

En esta situación, la donación se podría realizar hasta 15 veces al año. Esta prometedora experiencia facilitaría la solución o la mejora de algunas dolencias como la hemofilia; todo gracias a algunas de las proteínas que incluye, como la albúmina o las globulinas.

Asimismo, actualmente se está investigando una revolucionaria técnica contra el alzheimer a través de la cual el plasma del paciente se sustituye por una de esas milagrosas proteínas.

No obstante, si se confirma el buen hacer de esta novedosa terapia, el presidente de la Fundación de Donantes de Sangre asegura que «en el 2028 habrá un consumo del 150% más del hay ahora», por lo que teme que se pueda llegar al mercado de la sangre, en lugar de la tendencia de voluntariedad y altruismo que existe ahora en todos los países de Europa.

Aunque aún no ha llegado ese futuro tan alarmante, para evitar toparse con unas neveras vacías sin bolsas rellenas con el salvador líquido rojo, existe un índice de donación mínimo para que no existan problemas de suministro. Según Manceñido, para cubrir todas las necesidades en este aspecto, lo ideal sería una tasa de donación de 45 por cada mil habitantes. En España, ahora mismo se encuentra en 38 o 40 por cada mil habitantes, una cifra que todavía dista de ser definitiva para que acaben todas las preocupaciones.

Pocos países superan ese valor, entre ellos EE.UU., aunque, como indica Martín Manceñido, se debe «a la mezcla entre el pago y la donación altruista». Otros, como Francia e Italia, se encuentran peor situados.

Una administración distante

A pesar de la gran labor que realizan día tras día las hermandades de sangre distribuidas por todo el país, Manceñido no oculta su enfado por el trato dispensado por la administración y Sanidad públicas.

«Resolvemos un problema definitivo y, pese a ello, no se nos considera lo suficiente. A veces encontramos poca cercanía y frialdad hacía un colectivo que se lo merece todo; de hecho, las demás donaciones, como la de órganos, provienen de la de sangre. Piensan que no deben preocuparse por nosotros».

Por ese mismo motivo, van a enviar al Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud y a la ministra de Sanidad, Ana Mato, un escrito donde piden una mayor atención y que se restaure el seguro al donante, entre otros.

La crisis también influye

Aunque la donación altruista puede que sea lo más alejado que exista sobre cuestiones económicas y supervisiones bancarias, lo cierto es que la crisis también hace estragos en este ámbito. No hay recortes en plasma o en plaquetas ni se llega al límite de compartir agujas, pero si influye en el pensamiento de aquellos que van a dar lo mejor de sí mismos. «Para donar se requiere un estado anímico plano y sin preocupaciones. La crisis crea angustia y deja una percepción de incomodidad y provoca que mucha gente no esté para ello», asegura Manceñido.

«Para donar—prosigue—, hay que dejarse pinchar, acudir al lugar... hay que ponerlo todo y este contexto muchas personas posponen y lo dejan pasar».

Un proceso altamente fiable, con una seguridad que ronda el 99% hace que los donantes de sangre sean los primeros en prestarse a participar en otros eventos solidarios o que sus familias no rechacen efectuar la donación de órganos cuando estos fallecen.

No sólo es un proceso médico, también se trata de un proyecto de vida, para el que la recibe pero también para el que la da, porque como dice Martín Manceñido «el que da algo que le sobra no da, pero lo que sí tiene valor es compartir salud».

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