miércoles. 01.02.2023
El grupo de edificios de la cafetería y la biblioteca del Campus Universitario del Bierzo forman parte de la exposición en la que periódicamente la Fundación del Colegio de Arquitectos de Madrid recoge las construcciones más destacadas del momento. Bajo el título Obra Reciente , esta fundación selecciona con carácter bimensual los edificios más representativos realizados por arquitectos colegiados en Madrid, como es el caso de Daniel Díaz Font. El colegio madrileño agrupa a aproximadamente la mitad de los arquitectos del país, unos 13.000, por lo que resultar seleccionado es ya todo un mérito. En esta exposición se muestran obras de arquitectos tan reconocidos como Rafael Moneo, que participa con la Maternidad de O'Donell, en Madrid. Se muestran también trabajos de Jesús Aparicio, Alberto Nicolau, Olmos Ochoa y José Luis Esteban. Precisamente de los edificios del campus berciano es de los que más orgullosos se muestran Díaz Font y Martín Granizo, de entre los que han realizado hasta ahora. «Ha sido el mejor ejemplo de desarrollo de nuestras ideas, una realidad que plasma todas las esperanzas que teníamos. El resultado, como en casi todos los edificios que hemos realizado, supone que la realidad supera la ficción», comenta Belén. «Son edificios muy espectaculares y arriesgados, pero el resultado ha sido muy gratificante», afirma Daniel, para quien «a lo largo del proceso se dieron una serie de señales que indicaban que la cosa iba bien, a pesar de que era una construcción especialmente original». Así, explica que la convocatoria pedía tres conjuntos de edificios. «Pero a la hora de presentarlo pensamos que sería mejor un conjunto unificado, con lo que puedes construir algo más importante que se convierta en una seña de identidad para la universidad. Además, así se resolvía mejor la topografía del edificio. Hicimos esta propuesta contra pronóstico, sabiendo que en realidad pedían otra cosa. Fue una gran apuesta, pero al final la Universidad coincidió con la lectura que nosotros habíamos hecho. La plasmación en la práctica recoge perfectamente la filosofía del proyecto». Una filosofía que muestra, vista desde arriba, un mar de olas de pizarra que se entremezclan con el paisaje de la zona. Desde el suelo, grandes espacios que se funden a la perfección con el entorno y sorprenden sin desentonar. «El material a utilizar tenía que ser la pizarra, no sólo porque es el elemento autóctono, sino por lo que significa para su economía». Los edificios del campus berciano son una muestra más de cómo estos arquitectos estudian en profundidad el entorno de sus obras y su destino para decidir cómo y con qué materializarlas. «Empleamos mucho tiempo y dinero en investigar en nuevos materiales y tipologías de construcción, pero eso es imprescindible para llevar a cabo nuestro concepto arquitectónico. El lugar nos condiciona mucho. Ahora estamos construyendo una serie de viviendas en Asturias, y allí empleamos por primera vez cubiertas de teja. No se puede emplear otra cosa, desentonaría. Para un edificio tecnológico usamos el acero, y para El Bierzo elegimos la pizarra. No siempre igual. En el Caiss hay pizarra, pero el concepto del edificio es totalmente distinto».

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