lunes 23.09.2019
CANTO RODADO

Carbón activo

Ya nadie habla de carbón. Ya nadie quiere tiznarse como un minero. Sólo se escuchan algunas voces en los valles. Se empieza a escribir la historia y las mujeres toman las riendas de las cuencas..
Carbón activo

Durante una semana viví a caballo entre la rutina frenética de la redacción, en tiempo electoral, y los paisajes de la cuenca de Gordón. Durante unos días me sumergí en el pasado y el discurrir de la vida (y la muerte), el trabajo y la fiesta, la ternura y el odio, entre aquellas tierras asentadas sobre vetas del carbón y cubiertas por la nieve en los largos y penosos inviernos.

No fue un viaje imaginario, pero sí imaginado, recreado en mi mente, a través de Relatos Mineros, el libro que acaba de publicar Juan Carlos Lorenzana, Zana, con diez historias verdaderas, un glosario de palabras mineras y el magnífico prólogo de Julio Llamazares.

Muchos mineros fueron a la presentación del libro en Ciñera. De todos los oficios y categorías. «Con los que estamos aquí seríamos capaces de poner un macizo en marcha», dijo el autor. Y era verdad. Pero las capas están ahí, dormidas. Y nadie habla ya de carbón. Nadie quiere tiznarse como un minero, como hacían antaño aquellos políticos que uncidos del noble casco, la lámpara y el mono azul se metían en la mina a prometer modernización y apoyo.

Aquello se acabó. Y llegamos a las elecciones municipales de 2019, cuarenta años de municipalismo democrático, con las mujeres emergiendo en las candidaturas de las cuencas cual mineras de la política. Tiznadas y enfundadas en un traje de esperanza y lucha. El caso de La Pola de Gordón, con cuatro candidatas y un candidato a la alcaldía, es uno de los más emblemáticos.

Con la poca paridad que hay aún para ocupar las alcaldías leonesas —el 79,7% son hombres— que las mujeres tomen las riendas de lo común en las cuencas es un aliciente para estos territorios que se dan por liquidados y para una regeneración necesaria del poder político provincial, que se reparte habitualmente entre ‘barones’ y ‘varones’ comarcales.

Porque no se trata de que una mujer llegue al poder. No se trata sólo de pioneras y primeras. Porque primeras hubo muchas y han sido olvidadas. Porque pioneras somos todas en alguna medida. El tiempo de las únicas ha acabado. Eso ya lo hemos visto y vivido. Puede ser incluso contraproducente. Sin mentar a fantasmas, ahí tenemos el caso de Silvia Clemente tan poco ejemplar como lamentable.

No es solo cuestión de cantidad, como dicen las feministas del noroeste. Pero si para abrir una mina hacen falta mineros de todos los oficios y especialidades, para abrir grietas en el patriarcado hacen falta muchas mujeres comprometidas en erradicar las desigualdades que aún padece el 50% de la población.

Hacen falta equipos y alianzas para derrotar las resistencias de la sociedad en general y el sentimiento de fracaso de las cuencas mineras en particular. Que muchas mujeres, y muchas muy jóvenes, se comprometan con estos municipios es un aliciente para unos territorios castigados y olvidados.

Y también para unas gentes, los mineros, despedidas como delincuentes en lugar de como héroes. En Alemania, se contó en Ciñera, cuando se cerró la última mina los mineros fueron despedidos con honores por la riqueza que su duro trabajo había aportado al país. En León se les ha perseguido y vilipendiado hasta el último minuto.

Bienvenidas las mujeres mineras para que las cuencas despeguen de la pesadilla fantasmal en la que están sumidas y bienvenidos esos Relatos Mineros que tejen, con palabras y hechos, la pequeña historia nunca contada de las grandes gentes de la mina.

El carbón sigue activo en esas historias que también rescatan la memoria de las mujeres en las cuencas, mineras todas, porque «sin ellas nada hubiera sucedido», como dijo Zana. Como sigue vivo en ese jabón de carbón activo que una mujer ideó y otra elaboró para rendir homenaje a los Relatos Mineros.

Carbón activo
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