lunes 10/8/20

Hilandera en el invierno de León

Juan Pedro Aparicio, José María Merino y Rogelio Blanco protagonizan un filandón sobre el Reino en el que analizan la historia, cultura y datos económicos que han llevado a que la provincia se haya convertido en una de las zonas más deprimidas de España
Hilandera en el invierno de León

El calor nos atenaza con más de 30 grados, pero la nieve sigue sin dejarnos salir. Hoy, todavía, León sigue reunido alrededor del fuego, pero las historias que surgen a su alrededor emergen cada vez con más urgencia ante la pérdida de una identidad que se difumina a lomos de la quiebra económica y la despoblación. La montaña cada vez es más escarpada, y las vías de salida, más intransitables. Tres hombres buenos se reúnen para evitar que nos convirtamos en un recuerdo...

—¿Han borrado ya nuestra identidad o aún estamos a tiempo de que dure otros dos mil años?

Juan Pedro Aparicio:

—Soy algo remiso a hablar de identidad, a pesar de que en su día escribí un ensayito titulado Una aproximación a la identidad leonesa, sin duda presionado por el sofocante ambiente identitario de los separatismos vasco y catalán. Pero la identidad tiene más de una vertiente, quedémonos con las dos principales. Por un lado cómo nos vemos a nosotros mismos, por el otro, cómo nos ven los demás. Y desde luego para saber esto último, siendo leonés, creo conveniente vivir fuera de León. El leonés que vive en León tiene mayoritariamente la idea de ser un español con un pasado histórico decisivo en la construcción de España. Siento decepcionarle. Para el resto de España ese pasado hace tiempo que no pertenece a los leoneses. No diré por ahora a quién pertenece. Baste saber que para la historiografía española nuestro personaje más destacado es Bellido Dolfos, un gran traidor, según la misma historiografía, el epítome de la traición, que, para más inri, asesinó, así lo dicen, al rey Sancho de Castilla cuando este hacía sus necesidades, pegado a la muralla de Zamora, ciudad a la que tenía en asedio, como a un Genarín cualquiera, muerto en la carretera de los cubos en similar postura por el primer camión de la basura del municipio leonés. También se nos ve, por esta misma historiografía de yugo y flechas, (que es la dominante) como el gran ausente en la batalla de las Navas de Tolosa, una empresa propiciada por el papa de Roma, el mismo que había excomulgado repetidamente al rey leonés por no someterse a sus dictados guerreros. Hay que recordar que en los Decreta de 1188 el rey se comprometió a no declarar la guerra sin previa consulta a la curia, en la que estaba el pueblo llano. Resumiendo mucho, eso somos los leoneses en España historiográficamente hablando Yo me pregunto: ¿Eso es memoria histórica? ¿O la memoria histórica empieza y termina con el régimen de Franco? No sé, decírmelo vosotros.

José María Merino

—León es el padre y la madre de España. Primero, Asturias —del Astura/Esla (ni una gota pasa por la Asturias de hoy)— lo que demuestra el origen astur de ambos lados de la cordillera, y luego León, Legio, nombre de origen romano. El más antiguo reino de España, como lo demuestra su solida presencia en el escudo nacional, aunque ahora hasta nos borran de la Vía de la Plata ¡La que unió Astorga y Mérida! ¿Se puede aguantar?

Rogelio Blanco

— Tras lo expresado creo, a modo de ejemplo, que los concejos, veladas o filandones, la cuantiosa extensión de tierras comunales, las modalidades lingüísticas, las ordenanzas y modos de autogobiernos locales, etc, y el amor y defensa de la libertad tantas veces expresada y tantas reprimida y sobre todo la topofilia existente en tantos leoneses hacen que se pueda hablar de cierta identidad. Muchos pueblos defienden la identidad a base de formatos de violencia que recorren toda la escala y dinámica del prejuicio, desde la exclusión o la descalificación hasta el exterminio o el asesinato. En las tierras leonesas habitaron pueblos, se hablaron cuatro lenguas, se gestaron reinos y sobre todo se bregó por formalizar leyes. Los fueros, curiales y decreta son ejemplo diferente de expresar el modo de ser y estar.

Juan Pedro Aparicio

—Eso a lo que llama matria. y de lo que habla en su último libro, ‘Tierra de Libertades’.

—Sí, porque la matria define, nutre, acoge e identifica. Creo que a estas y otras manifestaciones se le puede denominar leonesidad; modo alejado de variantes nacionalistas u otras expresiones negacionistas respecto de los demás. Opino que todo nacionalismo es un modo de narcisismo y este lleva implícita la destrucción. La visión globalizadora no impide la local y desde la local, en retroprogresión —diría S.Paniker— se alcanza el sinfín y multiplicidad como señalan L. Tolstoi o M. Torga. La memoria es el único paraíso del que no pueden expulsarnos y además no es perdido; más bien, en muchos casos olvidado, ignorado u ocultado. A esto se le denomina damnatio memoriae, que se ha cebado en el caso de León, ejemplo claro de acción por parte de los memoricidas. Debemos escribir la historia leonesa. No lo hemos hecho y nos la han escrito. Dice un dicho bantú que la historia de los leones nunca la conoceremos mientras la escriban los cazadores.

—¿Qué habría pasado si en lugar de Castispaña hubiera sido León quien hubiera ganado en la batalla política y espiritual española?

Juan Pedro Aparicio:

— Lo pones muy difícil, Cristina, nada menos que un juego ucrónico: Que hubiera pasado, por ejemplo, si los nazis hubieran ganado la II guerra mundial?. Quién lo sabe. Por otra parte, el lector de periódicos no tiene por qué conocer que Castispaña es el nombre que doy en mi libro Nuestro desamor a España a nuestro país, significando con ello el protagonismo excesivo, y a todas luces abusivo, que se ha dado a Castilla en la configuración de España, algo que no está justificado desde el campo de la ciencia histórica, sino que es fruto de una determinada ideología política y de la propaganda. Cuando el papado, Cluny y, luego el Cister, se empeñan en una política de Cruzada a ultranza tropiezan con el reino de León que no acepta sin más esa política de guerra permanente sin matices ni excepciones.

—Ahí comienza el espíritu liberador del reino...

—Alfonso VI se ha proclamado emperador de las dos religiones, ha dado fuero a los musulmanas y respeta las mezquitas. Esa política es condenada con la máxima energía por el papado. Pero ¿cómo combatirla, si ese es el reino dominante en la península, al que todos los demás, musulmanes incluidos, rinden vasallaje? Primero, se inventan el reino de Portugal, separándolo de León, haciéndolo vasallo de la Santa Sede. Luego siguen debilitándolo cuanto pueden, disuelven los matrimonios de sus reyes, los excomulgan, prohíben al pueblo los servicios sagrados, una tragedia inmensa para la mentalidad del momento. Y como contrapartida, ayudan, refuerzan y engordan a Castilla, hasta que consiguen que ocupe el lugar de León. Por último, sus obispos, a cuya cabeza está Ximénez de Rada, escriben la historia. De modo que no es aventurado afirmar que Castilla es en buena medida una invención del papado.

José María Merino

— Lo de Castispaña fue una luminosa revelación de Aparicio, que descifra asombrosamente una realidad mítica: la de una Castilla intrépida y Cidiana marcando las «raíces profundas « de lo español. Y es sorprendente que ninguno de los estudiosos especialistas en el tema haya disentido de ello. A mí la propuesta de Aparicio me convenció desde el primer momento, pero también creo que la falacia está tan impuesta que es muy difícil desmontarla. La verdadera historia de España, tan impregnada de una cultura que nos llegó a través de los árabes y que luego pasó a Europa, y en la que León jugó un papel social decisivo en el mejor sentido de la palabra, está tan falseada y oculta que veo casi imposible desvelar la verdad. Además, a los que lo intentan —como Aparicio con su genial desvelamiento— los insultan a los ningunean...

Rogelio Blanco

—Castispaña es un vocablo adaptado y propuesto por Juan Pedro en vías de éxito que conlleva el amplio campo semántico explicado por su creador. Sobre el Reino de León se concitaron fuerzas e intereses intencionados. La nueva fuerza medieval de los siglos Xl y Xll emergente e integradora es el papado de las Investiduras. Esta fuerza temporal diseña la teoría cesaropapista y actúa con rigor sobre y contra varios reinos europeos. En Iberia el elegido es León desidente del rito romano, de la convivencia de culturas, de acuerdos con lo musulmanes, desoyente de los discursos y convocatorias pro Cruzadas, de fueros y curiales, de concejos y cortes. Son modelos alejados de ideologías centralizadoras, impositivas y exógenas. Este León desobediente sigue pauta opuesta a la Castilla obediente a Roma. Ejemplo: con motivo de la anulación matrimonial de Alfonso y Berenguela, a León se le castiga con interdicto y al rey, con excomunión. Sin embargo, a Castilla solo con la excomunión a Berenguela.

Rogelio Blanco

—Es entonces precisamente cuando comienzan a divergir las dos ideas de lo que será España...

—Sí. León era tierra de foreros, el resto de reinos cristianos eran pecheros. Castilla fue la elegida y los cronistas, mas traidores a la verdad que defensores de los acontecimientos, escriben la historia adecuada; mientras los poderes eliminan toda documentación molesta. Berenguela dio órdenes de eliminar la documentación alfonsina a propósito de la sucesión, una auténtica damnatio memoriae continuada con Alfonso X y siguientes al amparo de los Rodrigo J. de Rada.

—¿Ante esta línea histórica ha tenido León alguna posibilidad?

Juan Pedro Aparicio:

— Hay algo perverso en el gobierno que se hace desde Valladolid, quizá con la sede de la Junta en otra provincia las cosas no hubieran sido así. Porque resulta que Valladolid ha destacado por ser durante unos años, pocos, capital del imperio español y , sobre todo, por haber dejado de serlo, pues se diría que su carácter ha sido moldeado por esa ausencia, alimentando en su conciencia la idea de una deuda que tiene la España oficial para con ella. La ocasión de saldarla surgió con las autonomías, Ni leoneses ni castellanos las demandaban, pero para disimular las concesiones a vascos y catalanes, se extendieron por toda España. Fue la ocasión de Valladolid para cobrarse la supuesta deuda. Y León la pagó entera. Poco importó a los promotores del engendro que dos provincias castellanas, la de Logroño, ahora Comunidad Autónoma de La Rioja, y la de Santander, ahora Comunidad Autónoma de Cantabria, no se integraran en el proyecto.

Rogelio Blanco

—León soporta discursos, otra vez, centrípedos y exógenos. Su historia se rediseña desde fuera y no se reacciona. Esta es la Castispaña amenazante. Se está produciendo un estrangulamiento que bien parece planificado. Un nuevo ídolo se alza, Valladolid, y todo ídolo necesita sangre o víctimas para sobrevivir y en este caso lo mejor de sus víctima es León, sus recursos y su libertad.

—No creo que se nos pueda pedir más solidaridad. En realidad, podríamos decir que León engendró el desarrollo del resto y luego desapareció.

—Sí. Es bochornoso y descarado que durante el periodo de mayor desarrollo socioeconómico de España, el periodo democrático que disfrutamos, una provincia tan generosa en materia prima, riqueza hídrica y eléctrica y, sobre todo en personas capacitadas y jóvenes, registre todos sus indicadores en negativo y con tendencia a empeorar. Además, resulta insultante que a una tierra que ha elaborado y extendido desde 1017 el ordenamiento jurídico de la libertad se le impide hablar. Creo que los leoneses han de sentirse insultados. La actual situación puede conducir a tres posturas: el amurallamiento en sí, el desarrollo de un nacionalismo y, en tercer lugar, el diálogo. Esta apuesta necesita movilización social, discursos serios y líderes que puedan recoger lo que subyace en amplios sectores y ser capaces de canalizar los argumentos.

José María Merino

—La situación económica y demográfica es complicada, pero para tener alguna posibilidad de supervivencia, lo cual entra sin duda dentro de lo racional y lógico, León tiene que replantearse su inclusión en la actual autonomía, que es evidente que a lo largo de tantos años no le ha servido para fortalecerse y crecer, sino para todo lo contrario. Hay demasiados temas, diré pendientes por no decir oscuramente liquidados o silenciados: la pérdida de la minería ¿supuso para León algún tipo de compensación, de fuente europea o nacional? ¿Por qué no hay un impulso autonómico serio del tema turístico, considerando los evidentes elementos atractivos que León tiene en este campo: monumentos de primera magnitud, desde la Catedral y la basílica de San Isidoro a las Médulas, pasando por palacios, castillos o edificios y espacios singulares- los Picos de Europa no solo son asturianos o cántabros-, la variedad telúrica -montañas, vegas, valles, páramos… que le dan una singular diversidad, como el Bierzo. El Camino de Santiago o esa Vía de la Plata de la que quieren excluirnos, sin saber que Astúrica es Astorga. Todo ello, sin entrar en temas como la agricultura o la ganadería, que habría que replantear seriamente. ¿Cómo es posible que en la región más productora de lúpulo de la península no haya una gran industria cervecera?

José María Merino

—León es, además, una de las filántropas de la cultura.

—Desde luego. León ha manifestado desde hace bastantes años una notable vitalidad literaria que también hay que aprovechar para darle el lugar que merece, y que sea un punto de referencia en congresos y actividades relacionadas con la literatura, en lo que la Universidad de León está esforzándose notablemente… Y aunque nuestra lengua universal es el español, patrimonio al que tanto hemos aportado, no olvidemos que nuestra llingua es también un acervo que matiza nuestra riqueza cultural. Y la situación como paso para Galicia y Asturias da también a León una peculiaridad que ya para los arrieros maragatos supuso una notable fuente de ingresos… Claro que León tiene posibilidades, pero a quienes toman las más altas decisiones –se ha visto últimamente con el asunto de la escuela de pilotos y otros temas malolientes…- eso parece estimularlos negativamente: cuanto peor, mejor…

—Desgraciadamente lo que tenemos que preguntarnos no es si León tiene futuro sino si queda presente

José María Merino

—¿Qué se puede decir de una provincia que en 31 años ha perdido el 14% de la población? Y eso sin contar su evidente deterioro cultural, industrial, comercial, agrícola y ganadero. El futuro de León, si es que existe, es muy oscuro. Y por supuesto, la única vía en que podría encontrarse alguna solución sería la política, mediante un radical cambio en la estructura autonómica y en el reparto de las altas decisiones. León sufre un consciente y brutal abandono por parte de quienes gestionan la comunidad autónoma, que no tienen reparo en manifestar públicamente su propósito de centralizar cada vez más en Valladolid, el núcleo activo de todo el territorio. Estamos en la ruta de un nuevo feudalismo —lo que no deja de ser sorprendente desde una mínima sensibilidad constitucionalista— que les dará el poder sobre un par de regiones históricas devastadas, con alguna excepción, como Palencia y Burgos por las razones que se conocen, y donde se hará lo que ellos manden y decidan…

Juan Pedro Aparicio:

—Sin embargo, la presencia de León resultaba imprescindible, sin ella todo el proyecto se derrumbaba, pues, con ella dentro, Valladolid se situaba en el centro de la autonomía como clave del arco. Pero eso no fue todo. Y aquí viene muy a propósito el cuento del alacrán y la rana, con su inevitable picadura de veneno. León desde tiempos de Roma es el núcleo articulador del noroeste español, pues bien, a eso parece aspirar, consciente o inconscientemente, Valladolid, a tenor de la política que se ha seguido desde la Junta. De modo que a este paso bien pudiera ser que dentro de cincuenta años, no haya leoneses en León, habrá dos obispos, el de Astorga y el de León, habrá delegados y funcionarios de la junta, habrán desaparecido ya los jubilados mineros, pero los licenciados universitarios seguirán expatriándose, a Valladolid, tal vez, como con palabras de cruda y amenazante sinceridad ha manifestado el alcalde pucelano.

Región leonesa

—Ni siquiera pensaron en Levantar las Cortes en León, un gran desprecio para la historia y, en mi opinión, una declaración de intenciones...

—Desde luego. ¿Cuántos organismos oficiales que tenían sede en León se han ido en los años autonómicos a Valladolid? ¿Cuántos que están en Valladolid podían o deberían estar en León? ¿Cuántas empresas han sido subvencionadas para trasladarse a Valladolid? ¿Cree alguien que, de haber tenido su sede en Valladolid, Everest, la editorial más importante de la Autonomía, una de las más importantes de España, hubiera sido dejada caer de la manera que se hizo? Estuve en una feria de Turismo celebrada en Valladolid en el año 2010 y la estrella promocionada por la Junta fueron las once o trece, no recuerdo bien el número, rutas del Camino de Santiago que pasaban por la provincia Valladolid. Yo lo ignoraba por completo. Así que ignorancia por ignorancia, ahora desde la Junta se ignora que León y Zamora son parte principalísima de la Ruta de la Plata. ¿Estará ya en sus planes llevársela también a Valladolid?

Rogelio Blanco

—León ciertamente, en parte se ha difuminado en otros espacios y ahí está la pérdida de peso. Esta situación arranca en 1230 y con agresiones anteriores, a pesar de esta circunstancia persiste, estimo que es un gran valor a ver en positivo, el sentido de leonesidad, el sentimiento de sentirse leoneses y de pertenecer a esa comunidad. Tanta agresión y olvido seculares no han sido capaces de soterrar y matar un rizoma que a través de colectivos o individualidades de modo pertinaz renace. Los nacidos en esta tierra desde la crítica, el amor o la desafección se identifican y reciben el gentilicio como definitivo.

José María Merino

— A León solamente le queda el turismo, y los mandamases autonómicos ni siquiera lo consideran un espacio turístico… Hasta un múltiple ‘Camino de Santiago’ atraviesa Valladolid… Creo que solamente una conciencia urgente y enérgica, por parte de los leoneses, de esta situación extremadamente terminal, podría empezar a modificar las cosas. Si no, la extinción —social, industrial, cultural, histórica— está garantizada. Y siento parecer tan pesimista, pero a mi edad he visto ya demasiadas cosas, y nunca, nunca, he visto tan mal a León.

Juan Pedro Aparicio:

—Si hablamos del pasado es porque nos importa mucho el presente. Desconocer el pasado es como querer caminar sin piernas. En mi ciclo novelesco, que empieza con La Forma de la Noche y termina con El Viajero de Leicester, llamo Lot a León, porque, como al personaje bíblico, le está prohibido mirar atrás, para que sus ciudadanos ignoren las tremendas falsedades que han caído sobre su historia. Y el presente de León ha sido comparado con el de Detroit, esa ciudad norteamericana que ha entrado en caída libre sin posibilidad de retorno. León cae desde una altura menor, pues nunca llegó ser ciudad industrial, ni siquiera provincia industrial. Pero ahora está seriamente amenazada de convertirse en una provincia fantasmal.

Hay un punto de inflexión en este presente adverso, que no coincide exactamente con el del inicio de la curva de caída, sino que es anterior, cuando se pierde la capacidad de reacción. Me refiero a ese momento en el que, contra todo derecho y justicia, merced a la maniobra poco democrática de un político de estirpe joseantoniana, se priva a León de su derecho constitucional a la autonomía, despojándola así de poder político y consiguientemente de toda capacidad de reacción.

«Resulta insultante que a una tierra que ha elaborado y extendido desde 1017 el ordenamiento jurídico de la libertad se le impide ahora hablar»​

—¿Qué responsabilidad tenemos los leoneses?

—La responsabilidad no es de la ciudadanía, o no principalmente. Son mayoría los ciudadanos que acusan con su dedo a los políticos leoneses, un dedo acusador que solo se extinguirá con la propia provincia de León, cuando alcance ese punto crítico de imposible retorno. Y parece que, tal y como vamos, nuestros políticos tuvieran prisa en conseguirlo para que con ella se extinga también el dedo que los acusa.

Rogelio Blanco

— Las historias particulares no son las importantes. La importante es la historia de un pueblo porque de ella depende la de los particulares. Con frecuencia la historia de León se ha escrito desde la particularidad. El posesivo ‘mi’ se antepone a todo relato. Debemos creernos lo ‘nuestro’, pues es rico, abundante y deseado. León ocupa un lugar de privilegio y sus tierras se hallan preñadas de riquezas, más lleva siglos siendo cazado y el lugar, cazadero. Sin victimismo, pero debemos hacernos autocrítica, ¿por qué se ha llegado a esta situación de lenta anulación? ¿Confianza ingenua? ¿Falta de compromiso con la tierra? ¿Escasez de líderes capaces de recoger los sentires -pues, existen- de los moradores? Estas y otras preguntas son precisas al tiempo que se han de poner en patena los indicadores tan negativos y a la vez las posibilidades. Se han de analizar las fortalezas y debilidades, las oportunidades y amenazas a fin de diseñar el propio futuro y esta tarea la han de tomar quienes sientan el gentilicio que les califica, pues ser leonés es un privilegio, incluso un regalo, pero también un compromiso.

José María Merino

—A mi me gustaría dirigirme a todos los leoneses, sobre todo a los que siguen residiendo en León, para expresarles nuestro apoyo en estos momentos tenebrosos. Porque si León tiene algún futuro que no sea la progresiva desolación, son ellos precisamente quienes deben forjarlo. No sé si es posible que cuaje esa Región Leonesa que incluyó también a Zamora y a Salamanca –lo que sería muy deseable— pero, en cualquier caso, si Asturias, Navarra, Logroño, Cantabria, o Murcia constituyeron su propia autonomía ¿cómo León no va a poder hacerlo? Y con ello León podría recuperar su personalidad en todos los aspectos colectivos, desde el cultural al agropecuario, y comenzar a salir de esta larga agonía.

«Un nuevo ídolo se alza, Valladolid, y todo ídolo necesita víctimas para sobrevivir y en este caso lo mejor de sus víctima es León,  sus recursos y su libertad»

—Porque la existencia de Léon es la de la propia España

—Sí, si León recupera su personalidad, ganaría España, a quien le falta un León vivo y pujante, precisamente, para acabar de completar la rica diversidad que constituyó la personalidad española. León, la cuna del parlamentarismo, cuyas tradiciones democráticas vienen de antes de la conquista por los romanos. Como dije antes, tengo ya la perspectiva personal suficiente en el tiempo para asegurar que León puede desaparecer como entidad, y quedar solamente como un topónimo de poca monta. Pero esa construcción de un futuro que deje atrás esta decadencia y este ostracismo tan maquiavélicamente impuestos, requiere un esfuerzo sobre todo social y político. No hay que tolerar ni una sola afrenta más de las muchas que han ido carcomiendo nuestra personalidad. Si el viejo León muere y los leoneses no luchamos para impedirlo, seremos nosotros los principales responsables.

Hilandera en el invierno de León
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