miércoles. 06.07.2022
Vicente Fernández, bajo la glicinia del casco antiguo.

«Es un libro científico, no de divulgación», advierte Vicente Fernández al hablar de una obra donde ha reunido documentación que comenzó a recopilar hace 25 años y en cuya redacción se ha volcado especialmente en los últimos cuatro años. Con más de dos mil notas, un apéndice documental hace que el libro, —editado por el Ayuntamiento a través de la Fundación Pedro Álvarez Osorio Conde de Lemos, a la que el autor agradece su apuesta— supere las setecientas páginas cuando se planificó para trescientas.

«Tampoco es un libro de consulta», entiende Fernández, que prefiere definir su obra como «un libro total» por su intento de enlazar «la historia y la microhistoria». Y es que el historiador está convencido de que «no se puede entender la arquitectura de la ciudad sin conocer a quienes la habitaron».

Y es, a la vez, un libro preocupado por explicar la transformación que han sufrido los edificios, los puentes, los grandes centros industriales, hasta la actualidad, con todos los detalles. «La arquitectura es como nosotros. Los edificios nacen de un momento determinado, se desarrollan, algunos mueren y por el camino sufren muchos cambios», dice.

Entre todos los edificios que ha estudiado, Fernández, —que dedica el libro a su mujer, Mar Palacio, y a su hijo Rubén, y no se olvida de dar las gracias a todos aquellos que le han ayudado con la documentación— es un enamorado de las obras hidráulicas y de los puentes.

Porque Ponferrada es hoy una ciudad de puentes —cinco si se cuenta el de la línea ferroviaria, tras la construcción del Puente del Centenario— aunque hasta mediados de los setenta, sólo había un viaducto apto para peatones y automóviles. Y ese era el puente de La Puebla, en el origen de la ciudad —«Pons ferrata», de puente de hierro, o quizá de puente cerrado para los que no pagaban el portazgo— en el siglo XI. «De aquel puente no se conserva nada», dice. El puente medieval fue derribado para construir otro, sucesivamente reformado, después de que una enorme riada en 1696 estuviera a punto de llevárselo.

Un historiador en la orilla del Sil
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