lunes 25/10/21

El hombre de la máquina del cine

Un niño que se enamoró del cine desde la cabina del operador y que años después es conocido internacionalmente por su colección de proyectores. Trébol es el ‘operatore de la macchina’ en un museo creado con sus propias manos y donde todo funciona
Trébol posa rodeado de sus proyectores en un rincón de la Sala de Exposiciones del Ayuntamiento de Villarejo de Órbigo, situada en Veguellina. FERNANDO OTERO PERANDONES

Suena el timbre de la escuela y un niño sale de ella corriendo para ir al cine. No tiene dinero para la sesión, pero el operador le mete con él. Desde la cabina, ese niño se enamora del cine y de su funcionamiento. No se trata del argumento de Cinema Paradiso, es la vida de Trébol, electromecánico de profesión y amante del cine. Descubrió el séptimo arte en el cine Gordón de Veguellina de Órbigo, con 14 años y de la mano de su maestro, Adolfo García Fines. Este le colaba en las sesiones, ya que el chaval no tenía 10 pesetas para pagar la entrada en aquella época en la que los besos se censuraban en la gran pantalla.

Cuando acabó de estudiar, Miguel Pérez o ‘Trébol’, el mote por el que se le conoce, comenzó como aprendiz en un taller electromecánico del pueblo, sin dejar de lado el cine, en el que trabajaba los días de descanso, primero como pupilo y después como operador, siguiendo los pasos de Fines. Así, trabajó en el cine Imperial de Benavides y en el Gordón y el Apolo de Veguellina. En las proyecciones se juntaba gente de los pueblos de alrededor, llenando los aledaños de las salas de bicicletas aparcadas en las aceras. Su oficio le llevó a trabajar a la azucarera de La Bañeza, pero nunca abandonó su pasión y, hacia 1996 empezó a adquirir proyectores, a los que dedicaba sus días de descanso.

El almacén de su casa se quedó pequeño para los más de cien aparatos que tiene actualmente en su colección, por lo que se decidió trasladarlos a la Sala de Exposiciones del Ayuntamiento de Villarejo de Órbigo, que se encuentra en Veguellina y donde recibe incluso piezas de museo para repararlas. Y es que ahí está el mérito de Trébol, todas las máquinas funcionan. Además, se trata de piezas de más de cien años que ya no se fabrican y que él mismo tiene que elaborar, muchas veces a ojo. «Esta barra la saqué de una fotocopiadora» dice Térbol, señalando una de sus máquinas más antiguas. De hecho, cualquier visitante incrédulo puede comprobar cómo el artista, con el brillo que tiene en los ojos alguien orgulloso de su trabajo, proyecta sobre una cartulina blanca imágenes de Popeye o incluso del No-Do.

DL | F. Otero Perandones.

La sala se queda pequeña

Trébol está feliz de poder enseñar sus máquinas a cualquier curioso que se acerque a visitarlo. Sin embargo, la sala se ha vuelto a quedar pequeña, ya que su pasión le impulsa a no dejar de adquirir piezas de colección para reparar y exponer. En la sala de exposiciones se pueden ver las joyas de la corona, como la Pathé Baby o la Pathé Kok, ambas del año 1912 aproximadamente, las más antiguas que guarda y que, como todas las demás, funcionan a la perfección. Pero muchos otros proyectores siguen estando en su casa, a la espera de ser sacados a la luz cuando haya hueco para ellos.

En el año 2016, la Fundación Lumière concedió a Trébol, por unanimidad, la ‘Medalla Lumière del cine’ por su exposición ‘así era el cine’ y por la importante labor que realiza en el sector cinematográfico

Después de una vida dedicada a su pasión, Trébol no quiere que su obra quede en el olvido e implora que «todo esto no se puede perder». Por suerte, cada vez es mayor la voz que está tomando su proyecto y poco a poco se acerca a su meta, la de crear un museo del cine en su pueblo, dedicado a la colección de su vida. Un museo que sería único en Europa por las piezas exhibidas. Su vecino Francisco dice que incluso hay gente que va a buscarle a casa para que les abra la exposición, ya que su número de teléfono no figura en el local y solo abre durante la semana de Luna de Cortos.

Premios a una vida de película

Además de la ‘Medalla Lumière del Cine’, premio que exhibe con orgullo junto a sus proyectores, Trébol tiene el privilegio de tener un corto dedicado a él y dirigido por Julián Álvarez. También ha recibido recientemente el Premio del Director en el Festival de Cine y Televisión Reino de León, celebrado en julio, además de una mención de honor por su colaboración con el festival de cine Luna de Cortos. Sin embargo, admite que, aunque valora los reconocimientos, le vendrían mejor ayudas económicas.


 

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